No corren buenos tiempos para el presidente de la ANP, Mahmud Abbas. Con un gobierno cada vez más dividido, esta vez ha tenido que destituir a varios miembros de la cabeza de la seguridad en el territorio autónomo, después de los casos de desorden de los últimos días.
Se vive una situación de precrisis en Palestina
El presidente palestino, Mahmud Abbas, se reunió el sábado con el primer
ministro, Ahmed Qurea, y el titular de Interior, Naser Yusuf, para estudiar una
serie de nuevos nombramientos en los organismos de seguridad, en respuesta a
varios casos de desorden ocurridos en los últimos días en Cisjordania.
En
un intento por poner fin a la crisis que afecta a la cabeza del Gobierno, que
cada vez tiene que enfrentarse a las críticas y quejas de más puestos clave del
Ejecutivo, Abbas se reunió con Qurea y Yusuf, para buscar una salida a la
crisis. Finalmente, se decidió destituir de su cargo a una serie de altos mandos
e instado a dimitir a otros, entre ellos el jefe de la Seguridad Pública en
Cisjordania, Haj Ismail, que presentó su renuncia.
Desórdenes sin ley
Las sustituciones se producen
en respuesta a una serie de casos de desorden en distintos puntos de
Cisjordania, entre ellos un ataque contra tiendas de campañas de la Policía de
la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y los disparos efectuados contra la
oficina de Abás.
El viernes, el presidente de la ANP destituyó a varios
de sus altos mandos por su incapacidad para imponer el orden de la ley. Hay que
recordar que los servicios de seguridad están en manos de Ahmed Quera (Abu Alá),
con el que Abbas está cada vez más enfrentado.
Las diferencias internas
ponen en serio peligro los resultados de Al Fatah en las elecciones legislativas
del 17 de julio, que Abbas y su partido quieren aplazar hasta noviembre, pero no
se atreven a hacerlo por la respuesta de Hamás, entre otras cosas.
Máxima alerta
Además, Abbas debe hacer frente a
los rumores que consideran que su imagen está muy dañada y que no está siendo
capaz de hacerse con el mando de la ANP. Para la opinión pública, Abbas no puede
poner en marcha las reformas que había prometido que englobaban aspectos como la
seguridad, el estado financiero, y las acciones administrativas.
Así las
cosas, la ANP decretó el pasado sábado en Ramala el estado de máxima alerta. Las
calles, las plazas, los barrios de la ciudad y aledaños fueron patrullados
durante todo el día por centenares de policías palestinos, aunque iban
desarmados. No pueden llevar armas porque la seguridad de Ramala continúa bajo
la lupa de Israel y no ha sido transferida a la ANP.
Lo cierto es que
Abbas se ve cada día más acorralado. Gaza y Cisjordania deben enfrentarse al
caos, la violencia y la falta absoluta de respeto al imperio de la ley y al
presidente palestino le quedan muy pocas cartas que jugar.
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