Política

América Latina: entre la izquierda caníbal y la metrosexual

“Esta izquierda, como no cree en la intermediación política, desarrolla un liderazgo de tipo carismático y personal. Basado, fundamentalmente, en dividir al mundo entre buenos (los revolucionarios) y malos (la oligarquía, los partidos, el imperialismo, las multinacionales, los medios, etc.).

Democracia

No sé qué tan exacto sea eso del péndulo del que nos hablan los medios. Tampoco sé con claridad nuestra izquierda criolla a qué modelo quiere apuntarle. Sería bueno saberlo.

Mientras que el presidente Lula da Silva fue objeto de rechiflas en el Foro Social Mundial, su homólogo de Venezuela fue aclamado por más de 15.000 personas. Aunque Lula no se debió sentir desanimado: los aplausos que no recibió en su tierra sí los tuvo en el Foro Económico Mundial de Davos. La anterior paradoja refleja los enormes abismos que hay dentro de la izquierda democrática (o que se precia de serlo) en Latinoamérica..

La izquierda caníbal…
Ahí está, por ejemplo, la línea dura de Chávez que busca, a como dé lugar, separarse de la odiada ´economía de mercado”. A esa lógica obedecen la ley de expropiación de tierras, las famosas diez misiones sociales con su marcado acento asistencialista, el control de cambios, los esfuerzos por una mayor estatización en diversos sectores como la educación, la reticencia a los TLC con los países desarrollados, etc. Fiel a los manuales de los años sesenta, cree firmemente que el motor del desarrollo es el sector público. Por eso está convencida de la necesidad de un amplio y robusto aparato estatal (de 13 ministerios se ha pasado a 21) y un gasto público expansivo (gracias a la bonanza petrolera se calcula que este se ha incrementado en un 80 por ciento). Que el Estado controle y planifique, es la consigna.

De ahí que a experimento tropical no le interese hacer esfuerzos para que se logre salir de la sociedad rentística en que el petróleo ha convertido a Venezuela (aquel representa el 25 por ciento del PIB, el 85 por ciento de las exportaciones y el 65 por ciento de los ingresos corrientes) ni haga mayores esfuerzos por crear riqueza de la mano de los empresarios. ¿Cómo se va uno a aliar con el diablo?

Esta izquierda siente un enorme desdén por las instituciones y cree que la democracia sólo vale la pena defenderla cuando sirve a los propósitos revolucionarios. Por esto no es extraño que Venezuela sea hoy un claro ejemplo de lo que Fareed Zakaria llama una ´democracia iliberal´, donde efectivamente hay elecciones pero donde no se cumplen otras características de las verdaderas democracias. En vez de separación de poderes existe una clara cooptación de estos por el Ejecutivo. La libertad de prensa existe sólo parcialmente,
tal y como queda claro con la recientemente promulgada ley de medios. Y los derechos civiles no son plenos como lo pone de presente la draconiana reforma que tuvo lugar al Código Penal y que eleva a delito el disenso público con el Gobierno.

Esta izquierda, como no cree en la intermediación política, desarrolla un liderazgo de tipo carismático y personal. Basado, fundamen
talmente, en dividir al mundo entre buenos (los revolucionarios) y malos (la oligarquía, los partidos, el imperialismo, las multinacionales, los medios, etc.).


En esta visión maniquea del mundo, el proyecto político está siempre al acecho de conspiraciones. Así, los verdaderos ´revolucionarios´ tienen que hacer lo que sea (legal o ilegal) para defenderlo. Por eso son autoritarios casi por definición. ¡De esos demócratas, líbrame, Señor, que de los tiranos me libro yo!



… Y la metrosexual


La otra cara de la moneda es Ricardo Lagos en Chile, y Lula Da Silva en Brasil. Este último caso es especialmente ilustrativo. Por su pasado como agresivo militante sindical, su triunfo electoral generó preocupación e incertidumbre en el establishment económico. Pero los temores resultaron infundados y lo que se ha visto en el Gobierno es un enorme pragmatismo que contrasta con la beligerancia de la campaña. Por eso no extraña que el líder brasileño haya propuesto medidas tan inconcebibles para la izquierda tradicional como la independencia del Banco Central.



Y tampoco extraña que Lula haya emprendido una agresiva agenda económica que no dista mucho de la que han llevado a cabo gobiernos tachados de ´ortodoxos´. O de ´neoliberales´, para no usar eufemismos. Las reformas pensional (que, entre otras cosas, establece un régimen homogéneo para los servidores públicos), tributaria y laboral son buenos ejemplos. Como también los son otras iniciativas como una ley de quiebras y otra para permitir mayor participación privada en los proyectos de infraestructura.

Además, el manejo fiscal puede ser tachado de todo, menos de populista o de irresponsable. Ante el temor de correr la misma suerte que su vecino Argentina, el Gobierno optó por jugársela a fondo por la austeridad, logrando el año pasado un superávit primario de USD 41.728 millones.



Lula, hábil político, sabe del costo que estas medidas tienen en el corto plazo pero también de los beneficios. Por eso, en su mensaje de fin de año en diciembre del 2003 señaló: “en casa, mis chicos nunca tuvieron parálisis infantil porque, aún sabiendo que iban a llorar, yo les daba la vacuna”. Con un crecimiento cercano al 5 por ciento, una inflación bajo control y un superávit comercial de USD33.700 millones la economía parece estar tan sana como los hijos del mandatario.



La película no es muy distinta de la de Lagos. Quien, a pesar del mote ´socialista´, no se ha apartado en los sustancial de la políticas de mercado que le abrieron las puertas a Chile al progreso. E incluso ha sido tan audaz como para firmar un TLC con los E.U. y otro con Europa. Allende se debe revolcar en su tumba.


Y así como en economía hay un enorme abismo entre caníbales y metrosexuales, en política también la hay. Porque mientras los unos son caudillistas, autoritarios e iliberales, los otros son respetuosos del orden institucional.



Por ejemplo, las dificultades que Lula ha tenido que afrontar en el Congreso han sido duras. Pero la respuesta siempre ha sido dentro de la democracia. Entre otras cosas, porque a diferencia de Chávez o Lucio Gutiérrez, los metrosexuales llegaron al poder montados en organizaciones partidistas fuertes. Además, en contravía de la izquierda caníbal que divide al mundo entre amigos y enemigos del progreso social Lula ha hecho gala de realpolitik y con más pragmatismo que ideología no ha tenido problema alguno en aliarse con partidos como el heterogéneo Pmdb y el centro-derechista PP.



Como se sabe, los metrosexuales suelen combinar la fuerza y la agresividad masculina con la seducción femenina. De igual forma, estos representantes de la izquierda con “sex appeal” tienen la fuerza suficiente para tomar medidas por impopulares que éstas sean. Lucen siempre a la moda y se preocupan por no causar mala impresión al FMI, los inversionistas o la comunidad internacional. Aunque no pierden su lado sensible: por eso tienen políticas sociales agresivas como el famoso plan Cero Hambre que ha desarrollado, como su proyecto bandera, Lula en Brasil.

Claro: los machotes de la izquierda caníbal los suelen mirar con desdén y les critican su excesivo esfuerzo por parecer políticamente correctos. Pero a ellos, como a Beckham, poco les importan esas críticas. Si son exitosos y populares ¿para qué van a cambiar?



Navegando entre dos aguas


Y en medio de estas dos izquierdas surgen otros matices. Por ejemplo, el ortodoxo-autoritario de Lucio Gutiérrez, quien contra todos los pronósticos no se ha alejado del “Consenso de Washington”, ha mantenido la dolarización, (para generar responsabilidad fiscal) y ha apoyado un TLC con lo gringos. Pero para quien el contexto político no es nada favorable: a los pocos meses de llegado al poder, rompió cobijas con Pachakutic, la influyente organización indígena.

Y ante la debilidad ha sucumbido a las tentaciones autoritarias. El peor paso en ese sentido fue la destitución inconstitucional de los magistrados de la Corte Suprema con el argumento de que estos eran títeres de los políticos tradicionales y la oligarquía. ¿Suena conocido?



Otro matiz puede ser el gobierno de Kirchner, quien tras la crisis del default, con los indicadores sociales y económicos por el suelo, optó por un programa poco convencional para el establecimiento económico. Los incrementos de salarios y de mesadas de jubilación hicieron parte de la nueva receta, lo mismo que el aumento del gasto público y la actividad esta
tal (se creó una empresa de aviación y otra de energía).También, y como era obvio, se le dio prioridad a la renegociación de la deuda de 81.000 millones de dólares (algunos dirían que al no pago de la misma). El último embate contra la cartilla ha sido el lío con las utilidades de las grandes empresas privadas de servicios públicos. ¿Estatista? Sí. Pero de Kirchner a Chávez hay mucho trecho…



También se podría hablar de Torrijos o de Tabaré. O de otros más. Porque así como en botica, en la izquierda del continente parece haber de todo. Por eso, yo no sé qué tan exacto sea eso del péndulo del que nos hablan los medios. Ah, y tampoco sé con claridad nuestra izquierda criolla a qué modelo quiere apuntarle. Sería bueno saberlo.

Fuente: Instituto de Ciencia Política (Colombia)

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