Deseo a todos los participantes en este blog que el 2014 les haya sido leve y que el 2015 les sea todavía mucho más soportable, a pesar de las curvas que vienen y de las mentiras que son las principales responsables del mal que nos rodea. Bona nit, bon any i sigueu compassius i optimistes.
El año que se va ha sido crudo, tenso y desconcertante. Pienso que el estado de ánimo de muchos europeos es el desconcierto que se manifiesta en la política, la economía y el futuro. En cualquier caso, no lo perdamos de vista, ha sido mejor que el de hace un siglo, aquel año desgraciado de 1914 que abrió las compuertas de dos grandes guerras monstruosas, nuestra particular Guerra Civil, la larga guerra fría entre dos ideologías y dos sistemas de entender la vida, y una concatenación de crisis que han dejado muchos millones de muertos y desesperados en los recodos de la historia.
El 2014 ya tiene su balance. Se ha superado como se superará también el año que empieza mañana. Globalmente, el número de ciudadanos que han ingresado en la franja de lo que entendemos por clases medias ha sido de más de 300 millones de personas en el mundo. Hay más riqueza, el conocimiento se ha socializado y las expectativas pasan de nuevo por el esfuerzo personal y colectivo.
Pero en el balance hay que incluir también las rampantes desigualdades que se han ampliado y consolidado en el ancho mundo. Hay menos que tienen mucho más y hay muchos más que tienen menos. El equilibrio y la equidad serán los objetivos que buscarán las sociedades que todavía creen en el humanismo en la política y en la economía.
Los desastres anunciados no se han materializado todos. Grecia sigue estando en el euro, la gran coalición alemana parece que es estable, Francia sigue sumida en estado de depresión, los británicos no saben si irse o quedarse en Europa. Curiosamente, Barack Obama es muy mal valorado por las encuestas, pero la economía norteamericana marcha disparada, el paro ha disminuido a niveles muy bajos y se va a acabar más de medio siglo de ausencia de relaciones entre Washington y La Habana. El castrismo habrá dejado una huella imborrable, pero millones de cubanos huyeron y los que se quedaron viven con las restricciones de los sistemas estatalistas y autoritarios. No deja de ser una paradoja que el solo descenso del precio del petróleo haya tenido consecuencias tan inesperadas, hasta el punto de que el presidente Maduro preside una Venezuela más cercana al colapso interno que al expansionismo triunfalista bolivariano. Vladímir Putin ha podido tragarse Crimea y fomentar las tensiones en el este de Ucrania, pero la crisis ha puesto de manifiesto su fragilidad ante los suyos y ante el mundo.
En nuestro universo más inmediato, el año nos ofrecerá una gran actividad electoral. Las urnas pueden dar un vuelco en las municipales, y si las encuestas aciertan en sus pronósticos, nuevas caras aparecerán al frente de la política española y de varias comunidades autónomas. Catalunya no será una excepción.
Los efectos de la corrupción estructural se notarán en las urnas. También el paro, que afecta a más de cuatro millones de personas, los ajustes y recortes, la desconfianza en las elites que han gestionado malamente las consecuencias de la crisis.
Sabremos en pocas semanas si la alianza entre Artur Mas y Oriol Junqueras se recompone y se convocan elecciones anticipadas o bien nos sometemos a otra incertidumbre de prolongar los presupuestos sin que se tenga la sensación de buen gobierno, tan necesaria en tiempos de precariedad. Lo que no se acepta es la política ficción, la apariencia, el intentar hacer ver que las cosas van bien cuando la realidad se encarga de negarlo minuto a minuto.
Llevamos demasiado tiempo en Catalunya con un único problema político al que no se ofrece una solución asequible. Esto no puede perdurar indefinidamente. Mientras tanto, Pablo Iglesias cosecha votos a capazos con sólo señalar algunas de las cuestiones que no han sido abordadas por los partidos clásicos y mayoritarios.
Las cifras macroeconómicas, el crecimiento positivo este año y el próximo, serán el arma electoral de Rajoy, que lo concentra todo en el crecimiento económico sin tener en cuenta que hay más de dos millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza, sin esperanza de encontrar trabajo ni de mejorar su situación.
Año de elecciones, año de ficciones y de imposturas. Es propio de los años electorales aquí y en todas partes. La batalla de las urnas empezó con la comparecencia de Rajoy en rueda de prensa el pasado día 26. El año próximo será mejor que el que acabamos de pasar, dijo Rajoy remarcando unas cifras que no son percibidas igualmente por buena parte de una sociedad que se siente insegura. Rajoy insiste en las cifras porque no puede referirse a la corrupción ni tampoco al litigio abierto por Artur Mas frente al Estado. El Gobierno no ha lanzado ningún cable para intentar trazar puentes con Catalunya, limitándose a fomentar acciones jurídicas y judiciales que debería saber que no reducen la tensión, sino que la aumentan.
Tenemos la fortuna de que la Unión Europea es la garantía de que no se tomen atajos en España ni en Catalunya para resolver un conflicto siempre latente en la historia de los dos últimos siglos. Europa no tiene un ejército ni toma decisiones coercitivas. Su fragilidad es su fuerza. Desde las imperfecciones impone la necesidad de las reglas de juego democráticas, libres, abiertas, sin negar la singularidad de todos. Menos mal que Europa nos protege a todos de nuestros demonios.
Publicado en La Vanguardia el 31 de diciembre de 2014
Deseo a todos los participantes en este blog que el 2014 les haya sido leve y que el 2015 les sea todavía mucho más soportable, a pesar de las curvas que vienen y de las mentiras que son las principales responsables del mal que nos rodea. Bona nit, bon any i sigueu compassius i optimistes.
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