Política

Argentina bajo el embrujo de Chávez

Hugo Chávez llega a Argentina después de darse un baño de multitudes en Porto Alegre, donde la murga cultural antiglobalización le rindió pleitesía.

editorial
La Argentina de Kirchner quiere ser estatista, socialista y peronista. Su
ofensiva contra las “privatizadas” es una muestra patente del espíritu
anticapitalista de esta administración. Al comienzo de su gestión, Kirchner y
Duhalde le quitaron la concesión postal de Correos al poderoso Grupo Macri
pasándola a manos del Estado. En 2002, durante los últimos días de gestión de
Eduardo Duhalde, se creó la empresa Líneas Aéreas Federales (LAFSA), después del
cierre de las privadas LAPA y Dinar; una decisión que respaldó Kirchner y que se
financió con los recursos públicos de la brutal devaluación del peso argentino.


En ambos casos, se dijo que fue un recurso de necesidad, que no era ese
el estilo de este Gobierno. Pero luego vino una crisis energética fenomenal y
surgió el caso de ENARSA. Una década después de la privatización de las
industrias argentinas del gas, el petróleo y la electricidad, el Estado volvió a
escena en el sector energético con una nueva compañía creada para influir en un
mercado controlado principalmente por un puñado de compañías extranjeras.
Después de cinco meses de debate, el congreso aprobó la compañía ENARSA (Energía
Argentina Sociedad Anónima).

En el gobierno aseguran que ENARSA, cuyos
objetivos serán múltiples en el terreno petrolero y energético, será una empresa
con un bajo costo de funcionamiento por tener una estructura pequeña. Pero la
visita de Chávez al país lo desmiente. Chávez llega a Argentina a rubricar con
sus manos empetroladas un negociado que le saldrá carísimo a los venezolanos.
Porque el bolivariano paga sus acuerdos político con barriles de crudo, acuerdos
rentables sólo para el y su capital político. Así, los dos populistas tienen
planes de hacer algo “gordo” a costa del erario público y el sufrimiento de los
consumidores. Por eso, Kirchner ya piensa gastar la bonanza recaudatoria
destinándola a abonar los sueños del Estado Empresario que quiere refundar.


Desde aquí es de donde debe ser vista la visita de Hugo Chávez. En
América Latina se asume el supuesto fracaso de las empresas privadas y se ofrece
como solución las recetas burocráticas, inflacionistas y deficitarias de los
años ´80. Es verdad que las privatizaciones fueron mal hechas y que los
controles estuvieron casi ausentes en todo momento. Pero ahora es como si nadie
se acordara ya de lo que era cargar gasolina en Buenos Aires haciendo horas de
cola ante el inminente anuncio de aumento de tarifas. Asimismo, la amnesia
parece haber borrado de la mente de los argentinos los cortes de luz que
realizaba sin previo aviso la ex empresa estatal SEGBA durante el sofocante
verano porteño y la falta de gas en el invierno gracias a la nefasta gestión de
Gas del Estado.

En Argentina hoy se demoniza a los años ´90 como los
años del neoliberalismo. Pero, claro, los jóvenes que hoy se manifiestan en las
calles pidiendo abolir la propiedad privada estaban tomando el biberón cuando en
Argentina había que esperar 15 años para tener una línea telefónica estatal
pagando muchas veces hasta más de 5.000 dólares. Gracias a la privatización de
las comunicaciones, los argentinos pudieron tener un teléfono en 48 horas y por
150 de los verdes, además de gozar de unas de las telefonías móviles más
avanzadas del mundo.

No se debe ignorar que en la Argentina coexisten hoy
reformas económicas sin terminar, junto con concepciones del Estado que se
superponen como en un abanico de décadas: un poco de populismo de los ´50, otro
de desarrollismo de los ´60 e irresponsabilidad en el gasto (´70, ´80 y ´90). Si
esto se le suma el elevado endeudamiento público, la alta evasión y las
consecuencias de la devaluación, el futuro económico del país es para cualquier
inversor, un misterio.

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