Gabriela Pousa
“Como ministro de Defensa a uno lo presentan como indefenso y eso es un problema”
José Pampuro (consultado sobre la ola delictiva)
Aunque la trama parezca por demás compleja, la Argentina se ha convertido en un país predecible. Amén de los imponderables que gravitan en forma irremediable en la política, y pese a un pueblo con características en extremo peculiares y conductas afines a ellas, el escenario nacional tiene huellas de lo que vendrá marcadas de ante mano.
Los excesos del Presidente de la Nación, los vaivenes de las decisiones gubernamentales, las “lealtades” y hasta las “traiciones” supuestas carecen de originalidad. Damos vuelta en un aceitado engranaje circular sin que el paisaje se altere en cada giro.
Por ese mecanismo, no hay reacción ni asombro ante un Jefe de Gobierno que, de la noche a la mañana, pasa de victimario a víctima y retoma su cargo de fiscal elevando el dedo acusador ante una sociedad impávida que no atina, siquiera, a pestañar. ¿Por qué Aníbal Ibarra aceptaría los hechos tal cuál son si el resto de la dirigencia argentina ha logrado realizar una adecuación de la realidad, acorde a sus necesidades y muy al margen de lo que ocurre a su alrededor? De ese modo, por designio político, los culpables de la masacre de Cromagnon resultan ser 6 diputados porteños. Y se acabó.
En ese contexto, Aníbal Fernández, ministro del Interior, puede convertirse en un símbolo del peronismo más auténtico que la marcha e incluso, autoproclamarse más peronista que el mismísimo Perón. A fin y a cabo, el PJ es un partido que sólo competirá en la próxima elección en una minoría de distritos. Lo que se dice, un partido en extinción.
Y es por esa capacidad de rehacer la realidad a capricho y antojo que, la Argentina, puede ser una nación presa de una hegemonía justicialista aún cuando el movimiento esté estanco y sin conducción.
Es el modus operandi del país. Si lo que vemos fuese lo que es, este tipo de situaciones tendería a desaparecer y las cosas serían sustancialmente distintas.
Terminó otra semana y con ella, según las voces que salen de Balcarce 50, la acción piquetera, capaz de cortar los accesos a la ciudad. Si un cordón policial puso fin a este tipo de protesta que viene acechando la paz de los ciudadanos desde hace más de tres años, no se entiende por qué no se instrumentó con anterioridad. Pero no hay conferencia de prensa donde alguien siquiera se atreva a preguntar.
Posiblemente la solución haya pasado por otros despachos más que por la eficiencia política. La contundente afirmación que hiciera el Jefe de Gabinete, una semana atrás, negando que vaya a destinarse más fondos a los planes sociales sufrió la misma suerte que otras tantas afirmaciones oficiales. Es decir, al pasar de enunciado a acto sufrió el proceso característico de alteración de manera que, en hechos, giró 180 grados: la negativa derivó en un positivismo oportunista afín a la metodología kirchnerista. Con un simple cambio de interlocutor, se confirmó el aumento de fondos públicos para los programas sociales.
Dos días antes de llevarse a cabo la marcha a una Plaza de Mayo “habilitada”, el viceministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, anunció un aumento de 400 millones de pesos para elevar el número de beneficiarios del plan Manos a la Obra, y reforzar el Programa de Emergencia Alimentaria (PEA)
Desde la Casa de Gobierno explican que con este presupuesto se revertirá el tema de los subsidios y de los planes jefes y jefas de Hogar pero, más allá de las intenciones oficiales, paradójicamente, los beneficiarios no cambiarán…
El plan Manos a la Obra en la actualidad tiene un presupuesto de $ 220 millones e incluye unos 43.000 proyectos en todo el país lo que implica que una repartija de esos fondos entre 480.000 beneficiarios. Los proyectos se presentan en cada municipio por los desempleados y se aprueban en función de su viabilidad económica. Pero hay un detalle nada menor: los subsidios mayores de 15.000 pesos se manejan desde la Nación. El margen de acción provincial queda, pues, limitado en forma visceral.
Con este simple dato, puede explicarse más “científicamente” que con un cordón policial quizás, el “éxito” de la última -aunque frustrada movilización- a la plaza, privatizada y re-estatizada en cuestión de horas no más, por el Gobierno Nacional. Asimismo, se comprende que el Gobierno esté lejos de poder perder alguna elección.
Entre tanto, la campaña sigue su curso con menos fervor pese a las plumas y la pasarela. Y es que, como la realidad dista de ser lo que hay, todo el descontento que se evidencia hacia la gestión presidencial, bien puede terminar convirtiéndose en una catarata de votos capaces de entronar a Cristina Fernández de Kirchner aunque no sea esto lo principal.
Creer que Néstor Kirchner necesita obtener más de 10 puntos de ventaja sobre el duhaldismo para festejar un triunfo con bombos y platillos es desconocer la capacidad presidencial para modificar a su antojo la realidad. Aun alejado del método popperiano de “prueba y error“, el jefe de Estado ha demostrado habilidad para reparar su propia ineficacia sin que la Patria demande nada.
Así fue cómo debió revertir un decreto por el cuál solicitaba la confiscación de correo electrónico y mandaba espiar la comunicación ciberespacial, o cómo tuvo que dejar sin efecto la sanción a un militar porque su esposa osó opinar en una carta de lectores o acaso como toda la polémica en torno a Monseñor Baseotto terminó haciendo mutis por el foro. De ese modo también, es como hoy se lee como una exitosa maniobra presidencial la ida del proveedor francés de Aguas Argentinas, Suez.
Las marchas atrás del Primer Mandatario no revierten novedad y, en ese marco, un solo voto más que saque Cristina Fernández en detrimento de Chiche Duhalde será interpretado para la opinión pública como una victoria contundente y un respaldo incondicional al Ejecutivo Nacional. La lectura, puertas adentro, Dios dirá… Detrás de bambalinas, las negociaciones siempre están a la orden del día.
Además, no perdamos de vista que la elección del 23 de Octubre próximo consiste en la renovación de bancas en un Congreso Nacional que, en lo que va del año, se reunió tan sólo en 9 ocasiones para legislar 7 veces atendiendo asuntos de i-relevancia trascendental. Sin ir más lejos, ahora va por la prohibición del uso del teléfono celular en las aulas bonaerenses…
Pero eso sí, sano y natural, legislará sin fumar.
Para terminar de comprender la lógica imperante en el escenario donde nos ha tocado actuar, atendamos una oración que se ha podido leer en el lapso de esta semana: “Devuelven campos a sus dueños“… Un país donde lo normal se convierte en noticia y adquiere categoría de titular reafirma que vive en una realidad inversamente proporcional.
Lo que viene no desvela ni devela: la puja por la provincia, cada vez con menor interés social, y una agudización por la pelea en Capital donde el clientelismo tiene menos cupo y se consolida esa clase media difícil de domesticar.
El resto de las provincias serían noticia si acaso existiese un régimen federal.