“Gran parte de la clase política y el público inglés permanecen opuestos a la decisión de intervenir en la guerra de Irak, o mantienen reservaciones profundas sobre el conflicto y las posibilidades de éxito. Sin embargo, algunos pocos están listos para usar el horror en el centro de Londres como una batuta con la cual darle al Sr. Blair o para debatir una vez más la cuestión de la intervención en Irak”.
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