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Beslán conmemoró el aniversario del sangriento asalto terrorista a la escuela

Ayer se cumplió exactamente un año de la tragedia de Beslán, en la que más de 1.000 padres y niños llegaron a la Escuela Número Uno, muchos con flores para sus profesores, una tradición en el primer día de colegio, pero fueron recibidos por hombres armados que les secuestraron durante tres días.

Primer aniversario de la toma de rehenes que acabó con 331 muertos
El sonido de lamentos y llantos se podía escuchar ayer en la Escuela Número Uno de Beslán, cuando los desolados familiares de los fallecidos en el asalto conmemoraron el primer aniversario de una toma de rehenes que acabó después de dos días con 331 muertos.

El dolor se mezcló con la ira cuando algunos gritaron “¡asesina, asesina!” a la directora del colegio, objeto de las quejas de muchos de los familiares, que creen que los errores cometidos por las autoridades en todos los niveles empeoraron el número de muertos.

En el semidestruido gimnasio del colegio donde la mayoría de las víctimas – la mitad de las cuales fueron niños – murieron en las explosiones y el incendio posterior, las mujeres apoyaban sus frentes contra las fotografías de los niños que colgaban de las paredes.

En algunas partes hay fotografías con el mismo apellido, señal de que una familia entera desapareció en el baño de sangre.

Las autoridades temían que los extremistas que tomaron el colegio pidiendo la independencia para Chechenia intentaran marcar el aniversario con otro ataque, por lo que la presencia policial fue muy fuerte y se establecieron detectores de metal.

En el resto de Rusia, los niños que el 1 de septiembre celebran el inicio del nuevo curso – una fecha que se ha retrasado en esta localidad de la república de Osetia del Norte – mantuvieron un minuto de silencio por las víctimas, en medio de una intensa vigilancia policial.

Hace exactamente un año, más de 1.000 padres y niños llegaron a la Escuela Número Uno, muchos con flores para sus profesores, una tradición en el primer día de colegio, pero fueron recibidos por hombres armados que les secuestraron durante tres días.

En ese tiempo muchos de los rehenes masculinos fueron asesinados y los demás no pudieron beber, forzando a algunos de los niños a beber su propia orina.

El final sangriento llegó el 3 de septiembre, cuando una explosión en el gimnasio donde se hallaban llevó a las fuerzas de seguridad a asaltar el recinto y cientos de personas murieron en el posterior enfrentamiento.

Algunos familiares aseguran que muchas víctimas murieron porque las autoridades arruinaron la operación de rescate. El viernes llevarán sus quejas al presidente ruso, Vladimir Putin, con el que se reunirán en el Kremlin.

Incapaces de reprimir su ira, un grupo de familiares cargó las culpa el jueves contra la antigua directora, Lydia Tsaliyeva, gritando: “¡Asesina, asesina! ¿Por qué has venido?”. Mientras, otros se pusieron delante para defenderla.

Algunos le acusan de estar de acuerdo con los secuestradores, una acusación que niega, pero que refleja la enorme desconfianza que hay hacia las autoridades.

“Fue nuestra propia gente la que nos vendió”, aseguró Clara Kotunova, cuyo nieto, Teimuraz Daurov, murió en la escuela.

Un responsable del Gobierno checheno prorruso dijo recientemente que hasta 160.000 soldados y civiles podrían haber muerto desde que en 1994 Rusia envió sus tropas a esta república musulmana del norte del Cáucaso, fronteriza con Osetia, para aplastar la autoproclamada república independiente.

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