Los líderes musulmanes de Gran Bretaña y el primer ministro, Tony Blair, discutieron ayer formas de terminar con el radicalismo religioso tras los ataques con explosivos de Londres, aunque enfrentan una dura tarea si pretenden ganarse a los jóvenes islámicos.
La comunidad islámica está formada por 1,6 millones de personas
Altos imanes, políticos musulmanes y representantes del Consejo Musulmán de Gran Bretaña asistieron a la oficina de Blair en Downing Street para mantener una reunión de una hora.
“Hubo un fuerte deseo de todos para asegurar que establezcamos los mecanismos correctos para que la gente pueda ir a la comunidad y confrontar esta (…) ideología malvada, la enfrente y la venza,” manifestó luego el primer ministro británico en una conferencia de prensa.
Blair dijo que el gobierno y los representantes musulmanes conformarán una fuerza de tareas para atacar el problema. Sin embargo, musulmanes más radicales rechazaron la reunión, a la que consideraron una parodia, e incluso algunos moderados expresaron que son sospechosos en la agenda de Blair.
“Todo el foco estuvo puesto en intentar culpar al Islam y al liderazgo musulmán,” dijo Ahmed Versi, editor de Muslim News, el periódico musulmán más vendido en Gran Bretaña. Hay una gran preocupación en la comunidad musulmana “sobre cuán lejos puede llegar Blair para intentar e imponer alguna clase de interpretación secular del Islam en su objetivo declarado de ayudar a los musulmanes a encontrar una ´voz moderada y verdadera,”´ añadió Versi.
Los ataques de Londres del 7 de julio y la revelación de que los perpetradores eran musulmanes británicos y no militantes extranjeros, sacudieron a la comunidad islámica del Reino Unido, compuesta por 1,6 millones de personas, en su mayoría originarias de Pakistán, India y Bangladesh.
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