Política

Bolivia: el autonomismo número uno

La polìtica sin duda nunca dejará de sorprender a los ciudadanos de pie. Todos los días hay una sopresa y algo nuevo que tenemos que aprender de quienes tienen la conducción de los diferentes partidos políticos. Sin embargo, podemos decir con seguridad que el MAS se lleva todas las flores.

Jorge Miranda Morales
Y esto lo podemos afirmar sin temor a equivocarnos, ya que este partido político, a la cabeza del presidente de la República Evo Morales, ha dado claras muestras de que da lo mismo estar hoy en contra que mañana estar a favor o viceversa, poniendo de manifiesto que no hay una vocación política verdadera y menos una ideología que defender. O, tal vez, utilizan la estrategia de que el fin justifica los medios.

Es así que el gobierno ha dado un giro total en su posición respecto a las autonomías. Hasta antes de la campaña para el referendo Constitucional. Evo Morales, Alvaro García, su gabinete, los parlamentarios oficialistas y sus movimientos sociales, calificaban a los autonomistas como divisionistas, secesionistas y como los principales enemigos de Bolivia.

Hoy la figura ha cambiado. Los opositores de ayer son los autonomistas de hoy. Incluso el presidente Evo Morales se declaró el “autonomista número 1” del país y dispuesto a jurar a los pies del Cristo Redentor en Santa Cruz para demostrar su vocación autonómica.

El ministro Alfredo Rada, dio el martes una entrevista a Cadena A, donde el periodista le preguntó por qué ese cambio de posición, cuando hasta no hace mucho tiempo el gobierno y el MAS veían a las autonomías como el diablo en persona. La respuesta fue sencilla: estábamos equivocados. Así de simple.

Quiere decir que Morales y el MAS, desde que asumieron la presidencia, tenían la certeza de que las autonomías iban a dividir el país y que los cruceños, benianos, pandinos y tarijeños eran unos burros que sólo respondían a los intereses de la oligarquía y por ello iniciaron una feroz batalla contra el sí en el referendo autonómico donde 4 departamentos se inclinaron por esa propuesta y 5 la rechazaron.

Ahora, luego de 3 años de oposición a las autonomías, el “autonomista número 1” se reunió con los prefectos, alcaldes y sectores sociales, y los convenció de que las autonomías son buenas para el país y que por ello estaban dispuestos a realizar un nuevo referendo para que esos departamentos que votaron NO ahora voten SI. Así de fácil.

Esta posición ambivalente, muestra que el gobierno y sus afines, no tienen un proyecto claro de gobierno. Hoy se oponen y mañana apoyan. Este cambio podría ser comprensible si es que éste se hubiera producido luego debates, reuniones de conciliación, charlas explicativas en todos los departamentos opositores y luego de que el gobierno hubiera explicado a Bolivia dónde se había equivocado en torno a las autonomías y por qué ahora las apoyaban. Simplemente dijeron “ahora somos autonomistas”.

El cuento es difícil de ser digerido. Los analistas aseguran muy por el contrario que al gobierno se le acabaron los argumentos para aprobar su Constitución Política del Estado y que por ello se vieron obligados a recurrir a lo que más odiaban: las autonomías.

El gobierno da por sentado que tiene el voto a favor de su constitución en el occidente del país y, por tanto, su campaña no requiere mayor esfuerzo. Sabe que no tiene apoyo en el oriente y por ello debe volcar todos sus esfuerzos para conseguir ese voto y no podía encontrar mejor argumento que las autonomías que se han convertido en el Caballo de Troya para entrar a los departamentos opositores.

Para lograr ese objetivo no dudaron en utilizar colores regionales, eventos como el Cabildo del Millón y otros elementos visuales que al principio lograron crear confusión entre la ciudadanía autonomista. Sin embargo, hechos los sondeos, la gente ya entendió que el gobierno se ha vuelto autonomista sólo para lograr la reeleción del presidente Evo Morales.

Esa es la meta, esa es la estrategia. Total, gracias al artículo 411 del proyecto masista de constitución, la nueva carta magna podrá ser modificada cuantas veces el gobierno crea necesario y la podrá ir ajustando a sus afanes totalitaristas.


Fuente: Hispanic American Center for Economic Research

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