Política

Bruselas dice “No” al proteccionismo de Sarkozy y apuesta por la Ronda de Doha

La Comisión Europea apuesta por liberalizar la producción agrícola frente a Nicolas Sarkozy, que defiende la protección del campo francés a costa de los agricultores del Tercer Mundo. El presidente francés también ha criticado a la Organización Mundial del Comercio descalificando la Ronda de Doha, el conjunto de negociaciones que los países en vías de desarrollo tenían puestas sus esperanzas.

Durao Barroso y Mandelson lo tienen claro
Sarkozy no parece el mismo desde que su viaje de novios con Carla Bruni empezase a socavar la popularidad que había cosechado hasta entonces. Se presentó a las elecciones con un programa liberal, en el que se daba por sentado que la clave para que las empresas francesas fueran competitivas residía en su propia gestión y no en las ayudas del Estado.

Ahora, Sarkozy parece decir lo contrario. Para empezar, la Política Agraria Común (PAC), que absorbe el 80 por ciento de los recursos de la Unión Europea, no requiere ninguna reforma. El Comisario de Comercio, Peter Mandelson, ya se ha pronunciado afirmando que los agricultores del Viejo Continente deberían tener derecho a producir lo que quisieran y no lo que sólo lo que Bruselas marca en sus cuotas.

“Europa necesita combatir su inflación mediante la reducción de las barreras comerciales a los alimentos del Tercer Mundo. Es una regla económica elemental: el aumento de la competencia baja los precios a medio plazo”, afirma un economista consultado por Diario Exterior.

El mes de junio ha colocado la inflación europea cerca de un 4 por ciento, casi el doble de lo que recomiendan los expertos para crecer de un modo saludable. España superó el pasado mes el 5 por ciento, unas cifras inéditas en la última década.

Francia absorbe buena parte de las subvenciones agrícolas de Bruselas, lo que le permite vender sus productos más caros en el mercado interior y obligar a los consumidores europeos a comprar muchos productos franceses. Por otro lado, la Unión prevé una serie de cuotas de producción para cada país, de modo que los mejores agricultores del Viejo Continente no son los más competitivos sino los que más contactos políticos tienen.

Aunque la PAC se gasta el 40 por ciento del presupuesto comunitario, éste sólo beneficia al 10 por ciento de los europeos y perjudica a los agricultores más pobres de los países en vías de desarrollo. Esto era precisamente lo que quería evitar la Ronda de Doha, que eran una serie de negociaciones que debían haber culminado con la apertura de los mercados de las potencias desarrolladas a las regiones que producen, entre otras cosas, alimentos a un precio mejor porque la mano de obra es más barata.

“Aquí vuelve a ponerse de manifiesto el egoísmo antiliberal de los países más ricos: han abierto los mercados a lo que más les benefician, es decir las profesiones de alta cualificación y los capitales, y han mantenido las barreras en todo lo que las regiones menos desarrolladas han conseguido especializarse… como los alimentos o los textiles”, sentencia un experto consultado por Diario Exterior.

Durao Barroso y Peter Mandelson, presidente y jefe del área comercial de la Comisión Europea, están en contra de la maniobra proteccionista de un Nicolas Sarkozy que ha asumido esta semana la presidencia de la Unión.

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