Política

Centroamérica y el TLC con EEUU

Los TLC son importantes herramientas para el desarrollo del comercio exterior porque constituyen un medio eficaz para garantizar el acceso de los productos locales a mercados externos inexplorados

editorial
La posible ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Centroamérica con Estados Unidos es un paso de enorme significación en lo que concierne a la cooperación para el desarrollo de esa región. A pesar de que el TLC fue boicoteado y hostigado por voces provenientes de casi todos los rincones sociales de esos países, todavía queda un hilo de esperanza para rubricar su firma, que dependerá de la voluntad política de las partes.

Las negociaciones del TLC con EEUU son parte del recorrido de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la “Ronda del Desarrollo” lanzada en Doha y el fracaso de la V Reunión Ministerial de esta Organización en Cancún, en paralelo con las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas. Ahora, este TLC entre Guatemala, Honduras, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua con EEUU establecería las normas y reglas para realizar un intercambio comercial de productos, servicios e inversiones, sin restricciones y bajo condiciones de transparencia.

Los TLC son importantes herramientas para el desarrollo del comercio exterior porque constituyen un medio eficaz para garantizar el acceso de los productos locales a mercados externos inexplorados, de una forma más fácil y sin barreras. Además, sirve para abaratar los precios que paga el consumidor local por los productos que no se producen en el país.

En este sentido, la segunda presidencia de George W. Bush parece no querer repetir los errores de la primera y ha anunciado fuertes rebajas de aranceles y de ayudas al sector agrícola norteamericano que serviría de fuerte incentivo para la producción agropecuaria de Centroamérica. También hay que decir que EEUU otorgaría preferencias derivadas de la lucha contra el narcotráfico a través de la llamada Ley Andina de Preferencias Arancelarias y Erradicación de la Droga (ATPDEA), que permitiría que más de seis mil productos de esa región cruzaran las fronteras de EEUU libremente. La soja y el sector textil, consolidadas industrias en el área andina, podrían crecer con el TLC en forma vertiginosa.

Así todo, el TLC deberá hacer frente a una arraigada mentalidad anti-capitalista y anti-mercado. En esos países, pocos acostumbrados a comerciar más allá de sus fronteras, el libre comercio es la excusa favorita de aquellos privilegiados que se escudan en los más desposeídos para proteger sus intereses y beneficios económicos.

Es curioso que, por ejemplo, esos exaltados proteccionistas, cierren filas en contra del comercio libre esgrimiendo el argumento de que un TLC perjudicaría “al pequeño comercio” y los “derechos laborales”. Cualquiera que conozca Centroamérica sabe que el pequeño comerciante vive indefenso debatiéndose entre la ilegalidad, la falta de crédito y el azote de la inflación, fruto de la corrupción monetaria de sus gobiernos. Y que los derechos laborales no existen, porque ni existe el Estado de derecho ni existe el trabajo para todos.

Los centroamericanos no son víctimas del capitalismo, sino de su ausencia; es más, quienes más los han explotado no son los sempiternos neoliberales sino las propias oligarquías reinantes que monopolizaron la economía y blindaron las fronteras para ser ellos los únicos amos y señores de la riqueza. Hoy, con la firma de un TLC, millones de centroamericanos tendrían la posibilidad histórica de comenzar a romper esas cadenas.

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