El gobierno dice una cosa pero los parlamentarios parecen creer otra. Y la comunidad internacional otra distinta. Todo un galimatías.
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Miércoles, 09 de septiembre 2026
El gobierno dice una cosa pero los parlamentarios parecen creer otra. Y la comunidad internacional otra distinta. Todo un galimatías.
Instituto de Ciencia Política (Colombia)
Digámoslo sin rodeos: el 2005 no será un año fácil. Vamos por partes. En lo
político el año que viene estará dominado por la continuación del pulso entre el
Gobierno y el Congreso. Veremos al ejecutivo haciendo sus mejores esfuerzos para
poder sacar adelante iniciativas que el país está pidiendo a gritos. Y veremos
también al legislativo apretando las tuercas y pasando cuentas de cobro. Que nos
se nos olvide que ya los parlamentarios están pensando en su propia reelección.
Lo cual se traduce en la exigencia patriótica de puesticos por aquí y puesticos
por allá.
Y hablando de reelecciones, habrá que ver cómo el Gobierno y el
Parlamento sacan adelante la reglamentación de la reforma política (con código
electoral, ley de financiación y ley de bancadas a bordo) que anda tan
embolatada y cómo se logra llegar a la tan cacareada ley de oposición que es una
necesidad inminente para garantizar la legitimidad de los procesos electorales
por venir. Pero francamente, el panorama que se ve al respecto no es el mejor:
la bancada uribista da muestras de que está hecha, como se dice popularmente, un
verdadero despelote. Y la oposición está tan prevenida y radicalizada que es
probable que ni aún el más garantista de los proyectos la deje satisfecha.
Y ni hablar de lo que pueda pasar con la Corte. Ya sea por vicios de
forma (no hay que olvidar el santaderismo con que nos sorprendió en la sentencia
del estatuto antiterrorista) o por vicios de fondo (la famosa teoría de que la
Constitución se puede “modificar” pero no “sustituir”) hay altas probabilidades
de que la reelección inmediata pase a mejor vida. Mejor dicho, seremos testigos
de un nuevo choque de trenes. Por eso, el 2005 puede ser como la pegajosa
“Burundanga” de Celia Cruz: una garrotera de todos contra todos. Con la
diferencia, eso sí, que de divertida no tiene nada.
Pero los nubarrones
no son sólo en la política. También están en el conflicto armado. O, para ser
más precisos, en la solución negociada el mismo. Qué tal las paradojas que ve
uno en Colombia: hoy se estará desmovilizando Mancuso con sus 1400 hombres. Al
finalizar el año tal vez sean ya 3.000 los combatientes que hayan entregado sus
armas. Y, a pesar de eso, no sabemos qué diablos va a pasar con su situación
jurídica. El gobierno dice una cosa pero los parlamentarios parecen creer otra.
Y la comunidad internacional otra distinta. Todo un galimatías. ¿Quién va juzgar
a los paras? ¿Cuáles serán las penas por sus delitos? ¿Qué va a pasar con sus
tierras habidas a punta de sangre y fuego? ¿Cómo se va a reparar a las víctimas?
Esas son, entre otras, las preguntitas que a estas alturas no tienen respuesta.
Y obviamente también estamos pendientes en saber qué van a hacer los
Estados Unidos, que han sido bastante escépticos con el proceso y para quienes,
a juzgar por lo que ha dicho su embajador, les interesa mucho la extradición y
poco o nada el proceso de desmovilización.
Podría hablar también de las
dificultades que presenta la economía. O el futuro un poco enredado del TLC.
Pero no quiero que me digan aguafiestas en esta época de natillas, buñuelos y,
por supuesto, buenas intenciones. (Que dicho sea de paso, nos suelen durar hasta
el 7 de enero.)
Originalmente publicado por el Instituto de Ciencia
Política de Colombia
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