Semana de vital importancia la que ha vivido el Partido Republicano. Los escenarios domésticos y exteriores exigían un punto de vista firme y coherente por su parte. McCain en Saint Paul y Dick Cheney en Georgia han sido sus grandes portavoces.
editorial
La vieja guardia republicana, la que todavía forma parte de la Administración Bush, es quien ha manejado la política de la Casa Blanca en lo relativo a la invasión rusa de Georgia. Su nivel de contundencia verbal ha ido en aumento. En Georgia, Cheney ha mostrado apoyo incondicional hacia Saakashvili y ha dejado bien claro que Rusia no le inspira confianza. El mensaje está en la línea de la firmeza mostrada por McCain.
La presencia del Vicepresidente en Bakú, más tarde en Tbilisi y en última instancia en Kiev, es señal de que Estados Unidos no olvida a sus aliados caucásicos en un momento en el cual las ambiciones rusas en la región son una incógnita en cuanto a su magnitud. En este terreno, los republicanos han ganado la batalla a los demócratas.
En Minnesota, llegó el gran día para McCain. En su discurso llama la atención que se ha apropiado de un concepto de raíz obamista: “cambio”. El candidato republicano dice que él es quien lo representa. La duda que nos suscita es saber frente a quien, ¿frente a Obama? Sería la respuesta lógica y políticamente correcta. ¿Frente a Bush? Por ahí es por donde deben ir los análisis.
McCain ha sabido obviar, sin caer en el menosprecio, al todavía Presidente de su país. Significativa ha sido la tendencia a saltarse por los presentes en Saint Paul una generación en el árbol genealógico republicano, de tal modo que McCain enlaza, o es heredero directo, de Reagan.
El de Arizona ha tocado en su discurso todos aquellos aspectos de interés para el votante americano: la economía, prometiendo bajar los impuestos; el terrorismo, asegurando que encontrará a Bin Laden y le someterá a un juicio justo. ¿Y su patriotismo? No abusó de él ni cayó en la autosuficiencia del héroe sino que planteó la cuestión a la inversa: su país es quien merece ser amado y momentos de sufrimiento como los vividos en Vietnam, le hicieron ver cuán grande es.
McCain ha salido fortalecido de la Convención. No significa que va a ganar automáticamente las elecciones. Significa que el mensaje de cambio por el que apuesta ha sido esclarecido. Su capacidad para tomar decisiones acertadas, como la de Sarah Palin, se ha refrendado. Tras su Convención, los republicanos se han convertido en una formación más cercana al electorado, despojándose de todo elitismo que han asociado a sus rivales demócratas.
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