El ejecutivo español mantiene intactas sus esperanzas en Cuba y cualquier mínimo avance lo jalea. Sin embargo, los presos políticos caracterizan la naturaleza del régimen de La Habana, que ha encontrado en el apaciguamiento del PSOE un aliado.
Editorial
En junio pasado el role de nuestro gobierno a la hora de variar la política de la UE hacia Cuba fue fundamental, pese a la oposición de, entre otros, Estados Unidos. La reacción de La Habana fue contundente e incluso cínica: el régimen, el Castrismo, había triunfado. Sus políticas eran las correctas…
Sin duda alguna, el relax de la política de la UE hacia Cuba ha sido desahogo ésta, más teniendo en cuenta que la isla ha sido asolada este año por desastres naturales que han empeorado su ya de por sí deteriorada situación económica.
Venezuela sigue siendo el principal socio de los Castro con esa peculiar forma que tienen de entender las relaciones bilaterales: petróleo por médicos. Caracas, además, en ningún caso cuestiona la situación de los derechos humanos y las libertades en Cuba.
Con esta referencia al régimen de Chávez, queremos decir que España no tiene que entrar en el mismo juego que los socios populistas del castrismo y su discurso victimista, pues para todos ellos, Cuba es víctima de la políticas capitalistas, liberales, imperialistas…de Occidente.
La visita reciente de Rafael Correa ha respondido a estos parámetros, al mismo tiempo que le ha servido para vociferar al mundo entero que Ecuador no pagará la deuda externa. Sus intenciones liberticidas están cada vez más claras.
España debe ser más contundente en su política hacia Cuba a quien da el aprobado en la asignatura de derechos humanos con mucha facilidad. El ejemplo más claro lo vimos en la visita de octubre que realizó Pérez Roque a Madrid. Fue recibido con todos los honores, mientras a la disidencia se la ningunea sistemáticamente. Homenajear el aniversario de la revolución (Casa de América) supone publicitar el liberticidio cometido hace 50 años y despreciar a todos aquellos que lo sufrieron/sufren.
Igualmente el gobierno de Zapatero debería dejar de utilizar la política hacia Cuba como arma arrojadiza contra el PP, cuyo modus operandi en este punto ha sido mucho más sensato, contundente y exigente, ofreciendo a las víctimas de la dictadura una plataforma desde la que expresar y hacer llegar al mundo entero la verdadera realidad que vive la Isla, donde el reformismo o la renovación siguen siendo vocablos desconocidos.
Ser tan condescendiente con la dictadura cubana ¿no será una estrategia del gobierno socialista en su deseo por imponer el pensamiento único no sólo en España, sino en Europa y América Latina? Cada vez es más evidente que desde Moncloa se está impulsando un despotismo ilustrado orientado a poner fin a todas aquellas instituciones exponentes del pensamiento liberal y reemplazarlas por un socialismo que, no nos engañemos, supone una merma de las libertades individuales.
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