El Partido de los Trabajadores (PT), del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y hundido en un mar de corrupción, sufre una incontrolable desbandada, cuando falta hoy una semana para unas complejas elecciones internas.
Han renunciado 4 parlamentarios, el tesorero y cientos de militantes
El éxodo de militantes y dirigentes hacia otros partidos se ha acentuado en los últimos días, sobre todo por la incapacidad o el desinterés que ha demostrado el PT para castigar a sus propios corruptos “cortando la propia carne”, como Lula ha exigido.
El caso más irritante para quienes han decidido dejar el partido lo constituye el ex tesorero Delubio Soares, quien ha confesado que contrató préstamos irregulares, usó dinero de dudoso origen en las campañas, ocultó parte de la contabilidad a las autoridades fiscales y electorales y dejó al PT con deudas de 80 millones de dólares.
Soares, hasta ahora, no sido sancionado, cobra aún su salario y el PT paga sus abogados, pese a que hasta el presidente del partido, Tarso Genro, reconoció que hizo una “administración temeraria”, que dejó a la formación fundada por Lula al borde de ser ilegalizada.
La semana pasada, la dirección nacional se reunió para evaluar la posibilidad de expulsarle del partido, pero Soares apareció con una orden judicial que lo impedía, ante lo que el PT decidió dejar el asunto en suspenso.
“Son muchos desencantos, humillaciones y frustraciones”, dijo hoy el senador Cristovam Buarque, un influyente intelectual del PT, al explicar nuevamente su decisión de abandonar el partido.
Hasta ahora, han dejado el PT cuatro parlamentarios y se calculan en centenares los militantes que emigraron hacia otras formaciones de izquierda.
Buarque dijo que la dirección económica ortodoxa del gobierno de Lula y los escándalos de corrupción, han convertido la esperanza que desató el triunfo electoral del líder obrero en “un obvio desastre”.
Según Buarque, ex gobernador del Distrito Federal, creador de avanzados programas sociales y ministro de Educación durante el primer año de gobierno de Lula, las internas del próximo día 18 llevan al PT a “una lucha fraticida, corporativa y antipopular, totalmente opuesta a su origen e ideario”.
Admitió que su salida puede ser interpretada como “oportunista”, pero aclaró que se trata del “deber” de quien ha decidido “ser de izquierdas en la vida”.
Uno de los enemigos políticos de Buarque y protector de Soares es el ex ministro de la Presidencia José Dirceu, quien renunció a ese cargo acusado por líderes de partidos aliados de ser “el jefe del mayor esquema de corrupción” de la historia política brasileña.
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