Panorama cada vez más sombrío para el Presidente venezolano. El Director del Banco Central le ha avisado de lo erróneo y catastrófico que puede ser para el país que continúe con su campaña pro-nacionalización. Las arcas venezolanas menguan, como la paciencia de sus compatriotas.
Editorial
Los gobiernos populistas, en su afán por controlar todos y cada uno de los espacios de la vida de las personas, recurren a la táctica de la nacionalización cada vez con mayor frecuencia. El concepto que tienen de la misma es un tanto peculiar, pues se asemeja más al de rapiña fácil. En Venezuela, en concreto, ninguna empresa está a salvo. El poder del Estado es cada vez más omniabarcante. ¿Qué empresario se puede arriesgar a invertir en este país su capital?
El empleo de la nacionalización como modus operandi gubernamental tiene perniciosas consecuencias. Genera individuos apáticos e irresponsables, para quienes el Estado es quien debe resolverles los problemas, pero sobre todo, merma la libertad. Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua tienen gobiernos que confunden los conceptos. Por ejemplo, la iniciativa individual, la perciben como sinónimo de lucro, de capitalismo, de neoliberalismo…por tanto, hay que prohibirla y en su lugar colocar al Estado. Algo parecido, aunque sin tanto ruido mediático, es lo que hizo la Unión Soviética y los resultados son de sobra conocidos: hambre, miseria, penuria…
La advertencia que ahora ha recibido Chávez de su Gobernador del Banco Central, Armando León, es muy seria. Los problemas económicos del país empiezan a ser asfixiantes (aunque el oficialismo lo niegue y siga viendo el maná en el petróleo). Su política nacionalizadora ha sido desastrosa. El resultado más visible, aunque no el único, es que el gasto público ha aumentado a magnos niveles y las diferencias sociales se han acentuado. Este es un argumento que la oposición al chavismo no debería olvidar.
Venezuela no es un país que esté abocado necesariamente al socialismo sino todo lo contrario. Tiene abundante y sana clase media, esto es, aquella que se dedica a actividades mercantiles, pero que con Chávez está destinada única y exclusivamente al totalitarismo y a la división. Igualmente preocupantes pueden ser las medidas para sacar al Estado de la bancarrota (que no es sólo económica, sino moral también) pues de todos es sabido que en estos casos, lo más fácil es sangrar al contribuyente. ¿Y Chávez todavía aspira a eternizarse?.
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