Política

El futuro democrático del Ecuador demanda una adecuada representación

En ciento setenta años de vida republicana del Ecuador se ha reescrito dieciocho veces la Constitución. A frecuentes rupturas constitucionales han seguido numerosas dictaduras. Éstas han sido a veces norma del funcionamiento político. Se cambian las leyes con frecuencia, a tal punto que a veces apenas si alcanzan a regir antes de ser nuevamente reformadas.

Democracia
En ciento setenta años de vida republicana del Ecuador se ha reescrito dieciocho
veces la Constitución. A frecuentes rupturas constitucionales han seguido
numerosas dictaduras. Éstas han sido a veces norma del funcionamiento político.
Se cambian las leyes con frecuencia, a tal punto que a veces apenas si alcanzan
a regir antes de ser nuevamente reformadas. Pero en medio de la inestabilidad
social y política, se puede percibir una recurrente búsqueda de la democracia.


Democracia, una palabra cuyo significado parece obvio. Aunque su sentido
etimológico es conocido, pues viene de dos raíces griegas: “gobierno del
pueblo”, su contenido es muy amplio, puesto que se refiere no a un modelo único
de sociedad, sino a varios, que se han dado y pueden darse en la realidad
mundial. Sin ánimo de agotar el tema, podemos decir que la democracia supone al
menos la vigencia de un régimen de derecho con igualdad, garantías y seguridad
para los ciudadanos y ciudadanas, elección de sus autoridades, obligación de
éstas de rendir cuentas, acceso equitativo a los bienes y las riquezas,
protección del trabajo y la iniciativa, compromiso de conservación del medio
ambiente como garantía hacia el futuro.

Las condiciones de extrema
pobreza en que viven millones de ecuatorianos son un atentado cotidiano contra
la democracia. El futuro democrático del Ecuador demanda, además de una adecuada
representación y ejercicio de los derechos, mínimos niveles de subsistencia,
acceso a un trabajo adecuado y digno, redistribución con equidad de la riqueza,
lucha efectiva contra los monopolios y servicios sociales adecuados.

En
la vida democrática, el funcionamiento de los partidos políticos es fundamental.
Aunque en muchos lugares están muy desprestigiados, sin ellos, los mecanismos de
representación no funcionan. En el Ecuador, los partidos ya tienen más de un
siglo de existencia, pero en las últimas décadas han sufrido cambios
profundamente significativos. Han muerto los más antiguos y han surgido nuevas
fuerzas que hoy inciden en la escena nacional.

Durante los años de
vigencia constitucional se han robustecido en nuestro país las estructuras
partidarias, pero se ha profundizado un divorcio entre el sistema político y la
sociedad civil. La representatividad de las instituciones ha decrecido. El
enfrentamiento Congreso-Ejecutivo ha reducido sus competencias. La corrupción ha
afectado a las instituciones políticas y a otras como la Policía, protagonista
de escándalos en sucesivos gobiernos. La inseguridad es un problema
generalizado. La migración al exterior es opción adoptada por muchos
ecuatorianos pobres.

La brecha entre la sociedad y el Estado no ha podido
llenarse con la regulación legal de los partidos políticos. Han surgido
múltiples formas de expresión política, como los movimientos regionales, que han
logrado presencia. Pero lo más destacado de los últimos tiempos es el
surgimiento de nuevas formas de expresión de movimientos sociales, que han
tomado cuerpo. Pese a ello, no se ha logrado consolidar una vigencia de la
democracia participativa y la ciudadanía como base de la vida pública. El
Ecuador inició el siglo XXI con una crisis de representatividad de los partidos
y del sistema político. Enfrentar esa crisis con voluntad democrática,
rescatando las instituciones políticas, es un gran consigna para el
futuro.

Fuente: El Comercio –
Ecuador

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