Está claro que al ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no le ha gustado la huelga que han protagonizado los jueces y que ha paralizado, entre otros, los juzgados de la Plaza de Castilla. De alguna forma se ha sentido protagonista, aunque no en el sentido más positivo del término. Y quizá tenga razón.
Editorial
Como responsable de la cartera no ha sido capaz de controlar un paro que, ya se ha anunciado otras veces, pero nunca se había hecho efectivo. Ahora si. Bermejo dirige una cartera de mucha responsabilidad que él ha contribuido decididamente a convertir en una de las más controvertidas.
El suyo es un ministerio con mucha crítica, incluida la cacería de la discordia. La pregunta de ¿por qué la huelga ahora?, que se hizo públicamente Fernández Bermejo, el día previo al paro, se le puede dar la vuelta contra el propio ministro: Porque “quien siembra vientos recoge tempestades” y Bermejo no rehúye el cuerpo a cuerpo. Parece que disfruta con la provocación. Lo saben bien los miembros de la oposición, con quien mantuvo en la legislatura anterior enfrentamientos diversos y los mantiene ahora y, como muestra, basta el botón de ayer por la mañana en la sesión de control al Gobierno, cuando rechazó la petición de dimisión que planteo el PP con el argumento endeble, poco creíble y más propio de otro tiempo que mejor olvidar de: “no dimito porque tengo que trabajar por España“. Es verdad.
¿Qué sería de nosotros sin Mariano Fernández Bermejo?. ¿Cómo hemos podido sobrevivir todos estos años?. Todo parece indicar que la cosa seguirá igual. Con enfrentamientos en la cámara.
Tampoco le importa demasiado la imagen ofrecida, escopeta en mano con varios animales muertos, tirados en el suelo como testimonio de una puntería de dudoso orgullo, que le permite dedicar el ocio a la caza mayor. Una imagen más próxima a la provocación y a la búsqueda de la confrontación que a una oferta de diálogo y mesura. Esta es su concepción de las relaciones humanas. Lejos de esconderse y tratar de torear un error como la copa de un pino, se ha dirigido a los periodistas para decirles que la actualidad no es esa.
La actualidad es cualquier otra cosa que no le afecte a él. Y eso no es todo. El ministro cazador dice, ahora, que llevará al Consejo de Ministros un anteproyecto de Ley para regular el paro en la judicatura, porque un poder del estado no puede optar por una huelga. De nuevo el ministro busca el enfrentamiento en vez de diálogar en busca del mejor camino para dotar a los profesionales de los juzgados de los medios necesarios para que, en algún momento y poco a poco, se vayan solucionando los problemas. Sentarse con los responsables de los juzgados para que, de una vez por todas, puedan impartir justicia con justicia.
Pero no. El ministro lo que se plantea es la prohibición. Estudiar una fórmula para que nunca más se pueda pedir lo que necesitan. Ya saben los jueces, a buen entendedor con pocas palabras basta.
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