El presidente ultraconservador iraní, Mahmud Ahmadinejad, lanzó una diatriba contra los países occidentales y el liberalismo cultural, ante el Parlamento, reunido para votar la confianza de sus ministros. Ahmadinejad acusó a los países que “no están dispuestos a reconocer nuestros derechos legítimos y que extienden su injerencia a nuestros asuntos, en función de acusaciones sin fundamento y bajo pretextos como los derechos humanos”.
Las declaraciones confirman el giro ultraconservador del régimen
Defendiendo su Gobierno ante el Parlamento, que votará su confianza en los próximos días, Ahmadinejad pronunció uno de sus discursos más duros desde su elección el 24 de junio, contra los países que “quieren hacernos callar” y “la invasión” cultural que amenaza la identidad iraquí.
Sin mencionar explícitamente la querella nuclear, que suscita vivas tensiones con Estados Unidos y Europa, Ahmadinejad acusó a los países que “no están dispuestos a reconocer nuestros derechos legítimos y que extienden su injerencia a nuestros asuntos, en función de acusaciones sin fundamento y bajo pretextos como los derechos humanos”.
Estas declaraciones, que confirman el endurecimiento del tono del régimen, podrían ser sencillamente pura estrategia ante el Parlamento conservador y no parecen augurar nada bueno para las complicadas negociaciones que lleva a cabo Irán con la Unión Europea (UE) y otros actores.
La UE negocia con la República Islámica un acuerdo que garantice que no fabrica el arma nuclear.
Ahmadinejad, cuyo país acaba de rechazar una oferta de cooperación europea que incluye la perspectiva de un acuerdo comercial, denunció asimismo el desequilibrio en los intercambios con Occidente.
Ahmadinejad también denunció “las invasiones culturales y la expansión del pensamiento liberal, que se ha convertido en la justificación de todos los fenómenos políticos, sociales, históricos y culturales”.
Según él, esta habría sido la situación los últimos años, con su predecesor reformador Mohammad Jatami.
“El pensamiento liberal justifica (…) todas las desviaciones”, declaró el ex-oficial del ejército ideológico, cuya elección hace temer a muchos un retroceso sobre la liberalización de los años de Jatami.
“Tenemos que extender la cultura de promoción de la virtud y de prohibición del vicio, así como las tradiciones islámicas beneficiosas”, añadió.
Ahmadinejad, con cuya elección todos los poderes están de nuevo en manos de conservadores, se comprometió también a “trabajar para mejorar las condiciones de vida, los salarios, y combatir el paro”.
El presidente defendió ante el Majlis (nombre dado al Parlamento) su Gobierno: una amalgama de duros, del fieles y de desconocidos, que no obtuvieron la unanimidad esperada entre los diputados.
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