Editorial
El rechazo mayoritario en el referéndum celebrado en este país a modificar la Constitución italiana para poner los fundamentos para un futuro estado federal ha hecho que este intento haya fracasado. Únicamente ha recibido apoyo en las regiones tradicionalmente más reivindicativas que aspiran a distanciarse de otras zonas del país más empobrecidas. El hecho admite reflexiones y paralelismos. Ante una modificación sustancial de la Constitución, que convertía el país en un incipiente estado federal, se ha convocado un referéndum a nivel nacional. Además con una participación nutrida y significativa.
En España, paralelamente, el proceso no ha sido tan democrático -sino encubierto- bajo la fórmula capciosa de Ley Orgánica porque los promotores son sabedores que esta propuesta no resistiría el filtro de las urnas en el conjunto del país. El hecho añadido de que la decisión que abre la puerta a una modificación constitucional haya sido secundado en Cataluña apenas por un 36% de los posibles votantes y con una participación del 48 y pico por ciento, dan idea de las carencias democráticas que tiene nuestro país respecto a otras democracias con más solera (el techo del 50% se lo habían autoimpuesto tanto socialistas como convergentes).
Finalmente, en un país como el nuestro -probablemente el más descentralizado de Europa-, extraña que las demandas continuas de una minoría nacionalista marquen la agenda del país. En Italia, democráticamente, decide el conjunto de la soberanía popular no una parte -como pasa en nuestros pagos-. Además, en una época de globalización que requiere unidad y empuje coordinado, en Italia son conscientes que la disgregación debilita al Estado -como ocurre en Alemania, donde está revisión el federalismo- y actúan en consecuencia. En definitiva, bajo el gobierno socialista: ¿realmente “volvemos a Europa”?
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