Política

El Senado de Estados Unidos podría limitar la especulación con alimentos y energía

Muchos inversores se están refugiando de la crisis financiera en un sector aparentemente seguro: la compraventa de alimentos en el mercado internacional. Por ese motivo, los precios de la comida se han disparado en todo el mundo y el Senado, controlado por los Demócratas, podría lanzar una iniciativa que redujera la entrada en el negocio de los que no estén directamente interesados en cosechar o vender productos alimenticios.

Es uno de los motivos de la subida del precio
Los senadores Jack Reed (Rhode Island) y Carl Levin (Michigan) han conseguido crear una comisión de investigación para analizar si “las prácticas manipuladoras y engañosas” están aumentando los precios de la energía. Por otro lado, Joe Lieberman, uno de los líderes políticos más respetados por los dos partidos y senador por Connecticut, ha afirmado que existe una “especulación excesiva”.

Los inversores que asumen altos niveles de riesgo han preferido las materias primas para refugiarse de la crisis financiera y de la reducción del crecimiento en todo el mundo. Compran a largo plazo mediante unos contratos, que les permiten no hacerse cargo de la mercancía hasta una fecha determinada, y revenden la energía y los alimentos antes de que llegue el momento de la entrega.

Las lluvias han perjudicado especialmente a las cosechas de maíz en Estados Unidos. Esta situación podría tener un grave impacto sobre los precios de los alimentos y la energía, porque el maíz no solamente se utiliza para el consumo humano sino también para dar de comer a los animales y producir grandes cantidades de etanol.

La subida de los alimentos se ha convertido en una de las preocupaciones más importantes de los consumidores estadounidenses. La cesta de la compra se ha encarecido casi un 4 por ciento en sólo los primeros cinco meses del año y, por ese motivo, la Reserva Federal ha advertido que no habrá más rebajas en los tipos de interés.

A pesar de la posible iniciativa demócrata, lo cierto es que todavía no está claro que el hecho de que se pague más por los alimentos no sea un buen incentivo para producirlos en mayores cantidades, algo necesitan tanto los países pocos desarrollados, que tienen economías agrarias, como los emergentes, que demandan cada vez más comida a los precios que pueden permitírsela la mayoría de sus habitantes.

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