El Papa demostró, al igual que su antecesor, Juan Pablo II, un discurso completo a favor de la libertad y la defensa del individuo como fundamento de la actividad humana.
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Jueves, 14 de mayo 2026

El Papa demostró, al igual que su antecesor, Juan Pablo II, un discurso completo a favor de la libertad y la defensa del individuo como fundamento de la actividad humana.
Editorial
En una nota reciente, Diario Exterior daba cuenta del anuncio del presidente israelí, Simón Peres, sobre la visita del Para Benedicto XVI a ese país. Peres se mostraba optimista en que el Papa pudiera ir los primeros meses del 2008, una vez que las negociaciones con el Vaticano estuvieran saldadas y todo dispuesto para la ocasión.
El anuncio de Peres es relevante porque muestra una continuidad del pontificado de Ratzinger sobre la atención hacia Oriente Medio. El Papa destinó ya numerosas homilías a condenar la falta de diálogo y a instar a los pueblos en conflicto (a sus dirigentes, en realidad) a retomar el camino de la negociación para la paz. Ratzinger fue evidente a la hora de seleccionar la cuestión de Medio Oriente, el conflicto árabe-israelí, como punta de lanza de su discurso más claramente político.
Libertad y democracia
Las ideas de Ratzinger van tomando notoriedad a medida que pasa el tiempo. El último mensaje fue un llamado de atención hacia la sociedad Occidental a la que instó a recuperar los valores de la persona y a eludir las exageraciones del consumismo y la falta de valores. El Papa demostró, al igual que su antecesor, Juan Pablo II, un discurso completo a favor de la libertad y la defensa del individuo como fundamento esencial de la actividad humana. Al igual que Wojtyla, Ratzinger mantiene un discurso abiertamente humanista y ligado a los valores más fuertemente arraigados en la sociedad moderna: la libertad y la democracia.
El Papa ha sido categórico también con el conflicto en Irak, llamando a las partes involucradas a terminar con la guerra y a emprender un camino de concertación. Este último llamado es el más improbable de los que hasta ahora se le ha escuchado. Las crónicas diarias nos muestran una realidad atroz, donde el fundamentalismo y la irracionalidad faccionalista (alimentada por años de opresión) impiden cualquier instancia de negociación. La barbarie religiosa constituye un obstáculo que sitúa los deseos del Papa en una sola declaración de principios.
La visita a Israel constituirá, seguramente, un nuevo intento por promover el acercamiento e instar a las partes a intentar un nuevo pacto por la paz. Los innumerables intentos fallidos impiden ser optimista; pero la actitud del Papa representará, como en el caso de Juan Pablo II, un nuevo ejemplo de confianza y tenacidad.
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