La ciudad argentina de Mar del Plata acoge este fin de semana la final de la Davis, la competición tenística por equipos más importante. Tras la primera jornada, las espadas están en todo lo alto. Dos días más de épica y emoción nos aguardan.
Editorial
La Copa Davis es un torneo especial. Tiene “un algo” que la diferencia de Roland Garros, Wimbledon o el Masters. Son cinco partidos en el margen de tres días donde todo puede pasar. El ránking que ocupan los jugadores pierde su importancia cuando un punto de la Ensaladera está en juego.
España acudía a esta final diezmada. La baja de Rafa Nadal hizo que el derrotismo cundiera entre los aficionados españoles. Nuestros tenistas trataron de estar al margen de tal atmósfera, como también lo han estado otras veces, cuando han ido de favoritos. Seguro que el manacorí ha estado empujando desde algún lugar de la isla, vibrando-sufriendo como si estuviera en la cancha. Su ejemplo de constancia y superación lo hemos visto hoy en López y Ferrer.
Los cuatro tenistas que saltaron a la pista, no defraudaron. Calidad a raudales. Momentos de dramatismo también los hubo, como la breve lesión sufrida por Del Potro en el cuarto set. Sin duda alguna, los dos grandes héroes de hoy han sido David Nalbandián y Feliciano López. El argentino ha demostrado una forma y suficiencia envidiables. El español porque ha demostrado que el capitán del equipo, Emilio Sánchez Vicario, ha acertado designándole como número dos. El de Toledo se crece en las grandes citas.
¡Qué decir del público argentino! Ha estado mayúsculo, sobresaliente, digno de un evento como este. Mucho se había especulado con un (supuesto) juego sucio. Nada ha sucedido. Ha vibrado con su selección y con la española. Además, ha demostrado que es un entendido de este deporte y ha sabido recompensar a ganadores y perdedores. Un ejemplo a imitar.
Las hinchadas de ambas escuadras han rivalizado en sentimiento patriótico. Banderas argentinas y españolas daban color a las gradas. Los argentinos siempre han estado orgullosos de serlo y no han tenido complejos para mostrarlo. España parece que ha copiado (por fin) este ejemplo y una y otra vez se oía en la grada el estribillo, ya famoso, de “soy español”.
Nos quedan aún dos jornadas del más alto nivel. Disfrutémoslas. La emoción está servida. Los partidos pueden ser maratonianos. La ensaladera, bien lo vale. Su leyenda va en aumento.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR