Decía Karl Popper que la utopía había sido la madre de la violencia. La libertad no es una utopía, por más que lo haya sido por siglos para la humanidad y en especial para el pensamiento europeo. Yo podría decir que la creación de los Estados Unidos puede considerarse una utopía máxima que podría alcanzar la historia de la humanidad.
Estado
Decía Karl Popper que la utopía había sido la madre de la violencia; y asimismo
Holderling sostuvo que el intento de crear un cielo en la tierra era la mejor
forma de convertirla en un infierno. El escepticismo anterior, que en gran
medida comparto, no significa que no sea esperable alcanzar un estadio superior
en la historia de la humanidad. Fue precisamente a partir de esta ilusión que el
mismo Karl Popper en su ensayo escrito en 1956 The History of Our Time; An
Optimistic View (La historia de nuestro tiempo; una visión optimista)
sostuvo que “nuestro mundo libre es pues la mejor sociedad que ha existido en el
curso de la historia humana.”
No debiera caber dudas de que de 1956 al
inicio del siglo XXI nuestra sociedad ha mejorado la vida para millones de
habitantes, no obstante que ello no signifique que no siga habiendo problemas
graves que resolver. El más importante de ellos, sin lugar a dudas, es el
terrorismo que acecha a la libertad que disfrutamos; y voy a insistir que este
terrorismo no empieza ni se agota en el Islam, sino que lo que he llamado el
oscurantismo de la razón está vigente en gran parte del mundo, especialmente en
América Latina, aun después de la caída del Muro de Berlín.
Puedo decir,
entonces, igualmente siguiendo el pensamiento de Popper, que el ideal del
mejoramiento de la humanidad no tenemos ni debemos descartarlo. Y es en ese
ideal que se inscribe el reciente discurso del presidente de Estados Unidos, el
Sr. George W. Bush, al momento de jurar su segundo mandato. En dicha alocución
comienza diciendo: “En esta segunda reunión, nuestros deberes no están definidos
por las palabras que yo use, sino por la historia que hemos visto juntos. Por
medio siglo América ha defendido nuestra propia libertad estando alerta en
fronteras distantes.” Creo que este párrafo es válido y a la vez incompleto.
Estados Unidos no sólo ha defendido su propia libertad, sino que ha sido el
guardián de la libertad en el denominado mundo libre, más allá de los errores de
política exterior en que puedan haber incurrido. No obstante, vemos cómo los
mayores beneficiarios de esa salvaguarda de la libertad, que son los europeos, a
los que en tres oportunidades durante el siglo XX salvaran de ellos mismos, los
que menos reconocimiento tienen por esa nación. Nación que cambió la historia de
la humanidad.
Como bien dijera David Hume, la civilización es un
aprendizaje de la historia y la libertad un lujo de la civilización. Es de ahí
que surge la validez de la expresión de Vaclav Havel respecto a que “existen
múltiples culturas y una sola civilización”, y esa civilización es aquella donde
se respetan los derechos individuales y no sólo el sufragio universal.
Lamentablemente, en esta etapa de la historia, Estados Unidos ha olvidado en el
orden internacional el pensamiento de los Founding Fathers al respecto. Fue así
que Madison, citando a Jefferson dijera: “Un despotismo ilustrado no fue por lo
que luchamos”. Es en ese sentido que me producen cierta preocupación algunos de
los conceptos del discurso comentado, pues envuelto en el halo de la libertad,
podemos caer en la utopía.
La libertad no es una utopía, por más que lo
haya sido por siglos para la humanidad y en especial para el pensamiento
europeo. Yo podría decir que la creación de los Estados Unidos puede
considerarse una utopía máxima que podría alcanzar la historia de la humanidad.
Y esa libertad surgió precisamente de la conciencia de los Founding Fathers de
la falibilidad de la naturaleza humana y así como de que los gobernantes también
son hombres (y mujeres) y por tanto falibles como los gobernados. Este
pensamiento ha sido ajeno a la historia europea donde ha imperado la razón de
Estado frente a los derechos individuales.
Así dice el presidente Bush:
“La sobrevivencia de la libertad en nuestra tierra depende crecientemente del
éxito de la libertad en otras tierras. La mejor esperanza de la paz en nuestro
mundo es la expansión de la libertad en todo el mundo.” Esta frase,
decididamente inspiradora, parece respirar efluvios kantianos de La Paz
Perpetua, donde sostiene que la república es la garantía de la paz. Pero ya en
1795, cuando apareció la primera edición de La Paz Perpetua, Kant aparentemente
había leído mejor a Hume y conocido la naturaleza del pensamiento de Madison.
Así, abandonando todos los conceptos rousseaunianos sobre la soberanía y la
voluntad general, define claramente a la república como antitética de la
democracia y dice: “El republicanismo es ese principio político donde el poder
ejecutivo está separado del poder legislativo. El despotismo prevalece en el
estado si las leyes son hechas y ejecutadas arbitrariamente por uno y mismo
poder, y refleja la voluntad del pueblo solamente, en tanto que el gobernante
trata la voluntad del pueblo como su propia voluntad privada… la democracia, en
el verdadero sentido de la palabra, es necesariamente el despotismo…”
Vemos aquí, igualmente, lo que había percibido Madison cuando dijo: “en
una sociedad donde la mayoría se puede reunir para oprimir a la minoría, se
encuentra como en el estado de naturaleza donde el individuo más débil está a
merced del más fuerte”. Nos encontramos, entonces, ante la evidente
contradicción entre la libertad y la democracia mayoritaria. O sea, entre el
individualismo y el colectivismo. Y esta contradicción ha sido paradigmática en
el mundo europeo continental hasta la llegada de los tanques Sherman, y es la
confusión o si se quiere la degeneración que padece la historia de América
Latina. Tal como señalara Ayn Rand, los europeos jamás tomaron conciencia del
concepto de los derechos individuales. Fue así que igualmente Balint Vazsonyi
escribió que la filosofía política angloamericana y la franco-germánica eran tan
diferentes como el día y la noche.
Por las palabras del presidente Bush
podemos ver que su criterio es que la democracia es la antítesis de la tiranía.
Al mismo tiempo, su pensamiento es claro cuando dice: “La libertad por su
naturaleza debe ser elegida y defendida por los ciudadanos, y sostenida por el
rule of law y la protección de las minorías”. Madison habla en este párrafo,
pero he aquí que el concepto de democracia que impera en América Latina ignora
el concepto del rule of law. Es decir el prevalecimiento de los derechos
individuales es ajeno y por demás ignorado. Esta confusión, para decir lo menos,
proviene de lo que he denominado el sincretismo de la filosofía occidental, de
donde deriva el concepto de derechos humanos. En este sentido se confunden los
derechos individuales con los sociales. Nuestra historia muestra que la
expansión de los derechos sociales determina la omnipotencia del estado y la
violación de los derechos individuales, o sea mayor inseguridad jurídica.
Consecuencia: despotismo electivo y mayor pobreza.
Ante el sueño de
Bush, se encuentra la realidad de Europa, presa de la demagogia de la social
democracia, y el antiyanquismo ancestral que sólo cedió por miedo a la Unión
Soviética. Por tanto, los problemas de seguridad de Estados Unidos no se pueden
someter a la voluntad de quienes los desprecian como lo han mostrado
recientemente tanto Francia como Alemania. La idea expuesta sobre la libertad es
realmente sublime, pero ésta se oscurece ante el curso de la “Razón” en la
historia. He escrito “Razón” con mayúscula, pues tal es la forma en que Hegel,
siguiendo a Kant, la desarrolló en la historia y así se produjo lo que el
llamado el oscurantismo de la razón, cuya última etapa es el marxismo, por más
que venga edulcorado por el sufragio universal. Esa Razón en la historia se
define por Hegel en su Filosofía de la Historia de la siguiente forma: “La
letanía de las virtudes privadas –modestia, humildad, filantropía y paciencia-
no debe ser levantada en contra de ellos (los grandes hombres). La Historia del
Mundo puede, en principio, ignorar completamente el círculo dentro del cual la
moralidad y la muy comentada distinción entre la moral y la política yace.”
Con ese criterio, llegamos al siglo XXI y ahora, social democracia
mediante, insisten en la Razón del gran hombre. Así, la Unión Europea ha
levantado todas las sanciones diplomáticas vigentes contra Cuba “para mantener
un diálogo constructivo”. La actitud contrasta con los principios en que se basa
el curso de la historia de Estados Unidos, sustentado en el pensamiento de
Jefferson: “Aquellos que sintieron el poder y olvidaron el derecho, pueden
enseñar sólo lecciones negativas… así con las naciones como con los individuos,
nuestros intereses sanamente calculados siempre serán inseparables de nuestros
deberes morales.”
Es indudable que el discurso de Bush refleja esas
enseñanzas, pero ello no implica que se pueda ignorar la realidad que se
enfrenta a partir de la semántica libertaria y democrática independientemente de
los contenidos. Por primera vez desde que se iniciara la invasión a Irak, la
Casa Blanca puede respirar un hálito de victoria. La votación de los iraquíes ha
sido una segunda derrota para Francia y Alemania, pero esperemos que esa
victoria no se agote en el sufragio universal, tal como ocurre en el “patio
trasero”.
Como bien señala Robert Kagan en su reciente nota en Foreign
Affairs “la legitimidad que disfrutaron los Estados Unidos en su política
exterior durante la guerra fría tenía poco que ver con la fidelidad a las reglas
del derecho internacional o a la obediencia a la Carta de las Naciones Unidas o
al Consejo de Seguridad.” El hecho de que Francia y Alemania aparentemente
tuvieran más miedo al “Imperio del Mal” que a los elementos de la Edad Media
enquistados en el Islam no significa que la responsabilidad de Estados Unidos
por su propia seguridad y por la del resto del mundo deba ser compartida y mucho
menos multinacional. Eso no quiere decir que no sea válido, una vez más, el
principio de Teddy Roosevelt de speak soft and carry a big stick (habla bajo y
lleva un palo grande), algo concebido por Maquiavelo que en El Príncipe
escribió: “si no vas a usar la daga no muestres la empuñadura.”
Y
hablando de este último principio, volvamos a las relaciones de Estados Unidos
con el continente que, gústele a quien le guste, pasan inexorablemente por Cuba
en el orden ideológico y político. Esa realidad ahora se hace nuevamente
evidente a través del eje Castro-Chávez-Kirchner, las FARC y el indigenismo en
Bolivia. Conciente de que la libertad es una condición para la paz, el
presidente dijo: “Así es la política de los Estados Unidos, buscar y apoyar el
crecimiento de los movimientos democráticos e instituciones en cada nación y
cultura, con el legítimo objetivo de terminar con la tiranía en el mundo. Ésta
no es primeramente la tarea de las armas, si bien nos defenderemos a nosotros y
a nuestros amigos por la fuerza de las armas cuando sea necesario.”
Pues
bien, la tiranía más larga que haya existido en el mundo acecha a las puertas
del Caribe y ahora se entrelaza con Chávez en Venezuela y demás acólitos que
antes mencioné. Da tristeza ver el triunfo de la votación a 10.000 millas de
Estados Unidos, mientras la esclavitud permanece a sus puertas. El embargo que
la izquierda falazmente denomina bloqueo, Sr. Presidente, es mostrar la daga sin
usarla. Y Estados Unidos, en su lucha por la libertad, lo último que puede o
debe perder es el respeto, y esto es lo que ocurre en un continente que no se ha
enterado de los principios que Ud. tan claramente ha expresado cuando dijo: “al
hacer a cada ciudadano un agente de su propio destino, le daremos a nuestros
compatriotas mayor liberación de sus necesidades y temores y haremos a nuestra
sociedad más próspera, justa o igual.” América Latina en su conjunto ignora, y a
la vez aborrece, esa visión a la que considera individualista y egoísta o peor
el capitalismo salvaje, y añora el colectivismo que nos empobrece. Y este
sentimiento es tanto mayor cuando más las figuras de Chávez y Fidel Castro
aparezcan ganándole al “imperio” en el duelo de palabras, porque Estados Unidos
se dispuso a usar la daga en el Medio Oriente y no en su propio continente.
Señor Presidente, mis felicitaciones por la segunda elección que le gana a
Francia y Alemania, mis mejores augurios para que la votación decida igualmente
el respeto por los derechos individuales, pero no olvide la realidad que
prevalece en el continente que igualmente amenaza la libertad y la seguridad. Y
recuerde que el amigo de su enemigo es su Enemigo.
Fuente: Fundación Atlas
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