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Insulza y el malestar de América Latina

América Latina atraviesa un período de debilidad en sus gobiernos que socava la confianza de sus instituciones.

Editorial
El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo ayer desde República Dominicana que América Latina atraviesa un período de debilidad en sus gobiernos que socava la confianza de sus pueblos en la democracia.

Insulza atribuyó esto a la tendencia de los últimos años de reducir el rol del Estado en la economía, que en igual medida ha mermado la capacidad oficial en brindar respuesta a los problemas de la gente. “En nuestra región hemos observado reducirse la intervención del Estado en el accionar de los países, pero esto no ha sido acompañado de un Estado eficiente, que funcione y proteja a su pueblo”, explicó el chileno.

Insulza ha hablado claro y de manera contundente al decir que “la falta de voluntad política en Latinoamérica se refleja en el pobre desempeño de sus instituciones de como, por ejemplo, atajar la corrupción que se puede combatir con mucho más facilidad que el controlar la inflación o las tasas de interés”, aseguró. Los datos estadísticos que ofreció el chileno fueron escalofriantes: los organismos internacionales calculan que el 40 por ciento de la población de Latinoamérica vive en la pobreza, y entre esos 222 millones de personas hay unos 20 millones que viven en total indigencia.

América Latina, con la excepción de Chile y los loables esfuerzos de Uribe en Colombia, está padeciendo una crisis que perece interminable fruto del fracaso de las reformas “neoliberales” de los noventa y los populismos de tono progresista que le siguieron. La demagogia y el florecimiento de gobiernos socialistas simpatizantes de la retórica castrista se ha extendido en la región agravando el caos institucional y sumergiendo a países como Argentina, Venezuela y Perú en la pobreza extrema.

La desconfianza de los latinoamericanos en sus instituciones no es producto de la ausencia de educación democrática sino del haber soportado durante décadas regímenes corruptos y clientelistas que hoy, como es el caso de Lula en Brasil o Vicente Fox en México, son tema de portadas en todo el mundo. América Latina no tuvo la regeneración institucional que prometieron estos líderes “renovadores”. Por el contrario, demostraron que su intención era cambiar para que nada cambie, gatopardismo trepidante característico de la política actual latinoamericana en la que, si nos referimos a la corrupción, las similitudes entre un Lula y un Collor de Mello son alarmantes.

Las perspectivas futuras, con probables triunfos de López Obrador en México, de Daniel Ortega en Nicaragua y hasta Evo Morales en Bolivia, ensombrecen el porvenir de la democracia latinoamericana y aleja aún más el sueño de un crecimiento económico acompañado por una cultura civil fortalecida y consolidad en sus instituciones.

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