El mandato de Insulza ha comenzado bajo los tiros de Castro, quien lo ha calificado de iluso y de testaferro de los Estados Unidos, y a la OEA como una institución pestilente, advirtiendo al nuevo Secretario General, con su estilo de guapo de barrio, que no se atreva a tocar el caso de Cuba.
Relaciones Internacionales
José Miguel Insulza, el segundo chileno que asume la Secretaría General de la
OEA, parece ser un hombre de carácter, según los juicios emitidos sobre su
persona en artículos y reportajes de la prensa.
No podemos predecir su
ejecutoria, pero imaginamos que será mucho mejor que la de Gaviria, el amigote
de Castro, y que pondrá en marcha un programa dirigido a orientar a los países
miembros por el camino de la democracia, como manda la Carta de la Organización
de los Estados Americanos.
El otro chileno que asumió la Secretaría
General de la OEA fue Carlos Dávila, cuyo mandato quedó trunco debido a que
falleció al año y medio de haber tomado posesión.
Dávila sucedió a don
Alberto Lleras Camargo, colombiano, quien fuera el primer secretario general de
la Organización recién inaugurada en 1948. Lleras renunció a su alto cargo en
1954 durante la Conferencia Interamericana de Caracas, y llegó, años después, a
la Presidencia de su país.
Nosotros estuvimos presentes en aquella
conferencia, y no olvidamos que, en su discurso de despedida, Lleras dejó la
famosa frase de que “la OEA es lo que los gobiernos quieren que sea”, una manera
elegante de afirmar que una cosa son los altos ideales del panamericanismo y
otra la voluntad de los Estados miembros.
Insulza va a dar comienzo a
sus altas funciones en una atmósfera un tanto agitada y llena de malos
presagios. Su mayor empeño consistirá, según sospechamos, en coordinar los
esfuerzos de los países que componen la OEA, y encaminarlos dentro de la senda
trazada por la Carta de la Organización, que contiene los principios básicos en
que descansan la paz y el bienestar de nuestros pueblos.
El Secretario
General de la OEA, por supuesto, no es el que decide lo que va a hacer la OEA.
Quienes deciden son los representantes de los Estados miembros, reunidos en
Consejo Permanente y sujetos, en última instancia, a la Asamblea General. Pero
un buen Secretario General puede, en gran medida, pilotear la nave y conducirla
a puerto seguro.
El mandato de Insulza ha comenzado bajo los tiros de
Castro, quien lo ha calificado de iluso y de testaferro de los Estados Unidos, y
a la OEA como una institución pestilente, advirtiendo al nuevo Secretario
General, con su estilo de guapo de barrio, que no se atreva a tocar el caso de
Cuba.
Y si la OEA no toca el caso de Cuba, nos preguntamos, ¿qué va a
tocar entonces? ¿Qué otro estado merece la atención primordial de la
organización, aunque sólo fuese por el casi medio siglo que lleva el pueblo de
Cuba bajo el yugo opresor del comunismo salvaje?
Porque ya no es
únicamente el sufrimiento del pueblo cubano, sino las consecuencias que van a
derivarse en otros países del Hemisferio de la conducta del régimen cubano,
ahora envalentonado con la cooperación abierta del presidente Chávez de
Venezuela.
El nuevo Secretario General de la OEA tiene en sus manos una
papa muy caliente. Quiera Dios iluminarlo para que desempeñe un digno papel en
la difícil tarea que le espera.
Fuente: Diario de las Américas – EEUU
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