La ciudad de Guayaquil se ha unido a las manifestaciones en contra del presidente Lucio Gutiérrez con una marcha que recorrió las calles de las ciudad y en la que participaron también miembros de las diferentes cámaras profesionales.
Guayaquil también protesta contra el presidente de la nación
El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, encabezó ayer una multitudinaria
manifestación que recorrió las calles de la ciudad pidiendo la dimisión del
presidente, Lucio Gutiérrez y en la que el mismo Nebot pidió al Gobierno que
cumpla con los convenios firmados por la ciudad en materia social y de seguridad
ciudadana.
Además, el dirigente del consistorio, después de calificar al
Gobierno y a algunos diputados de “sinvergüenzas” y a varios jueces de
“corruptos”, reclamó la vigencia de la democracia, denunció la violación de la
Constitución, así como el atropello a las ciudades.
A Nabot le
acompañaron en la manifestación César Rohón, presidente de la Cámara de
Pesquería; Francisco Alarcón, ex presidente de la Cámara de Industrias; Renato
Carló, presidente de la Cámara de la Pequeña Industria y Carlos Estrada,
presidente de la Junta Cívica.
Con Guayaquil no
se juega
Los participantes en la manifestación portaban banderas
ecuatorianas y dirigían consignas contra el Gobierno como “Lucio Fuera”, “con
Guayaquil no se juega” o “Autonomía Ya”. Monigotes de Gutiérrez y féretros
hechos de cartón con lápidas que llevaban el nombre del gobernante, dieron
colorido a la protesta en Guayaquil. Además, a los manifestantes a pie se
unieron que afirmaron que “la única manera de solucionar todo esto, es con la
renuncia de Lucio”.
El presidente ecuatoriano está en el ojo del huracán
desde diciembre pasado, cuando promovió una sesión del Congreso para
reestructurar la Corte Suprema de Justicia. Una mayoría parlamentaria afín al
Gobierno decidió el 8 de diciembre pasado destituir a los miembros de la Corte
Suprema y nombró a nuevos jueces para que dirijan la judicatura.
La
crisis aumentó cuando el pasado 31 de febrero el presidente del alto tribunal,
Guillermo Castro, anuló los juicios de corrupción contra su amigo, el ex
presidente Abdalá Bucaram, y facilitó su retorno al país, después de ocho años
de exilio en Panamá.
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