El automóvil necesita un poco de atención para su fabricación. Y no sólo eso. A las dificultades que nos ha traído la crisis, hay que sumar los impedimentos que sentimos los automovilistas en lo cotidiano para movernos por las grandes ciudades
El Comentario
Los fabricantes de coches lanzan un SOS a su alrededor para que sea recogido por alguien que pueda ayudarlos. En principio buscan solidaridad de los grandes empresarios, como corresponde al tipo de empresa, pero su grito de ayuda está mucho más generalizado. Esencialmente tienen un objetivo concreto: los oídos del ejecutivo. Quieren que el gobierno les escuche.
Consideran que la crisis está dañando al mundo del automóvil, sino en primer lugar, en uno de los primeros. Y estamos ante un sector que da trabajo a millones de personas en Europa y España. Nuestro país tiene fábricas de coches en muchas provincias como Barcelona, Zaragoza, Pontevedra, Palencia, Pamplona o Valencia, por decir algunas. Lugares donde una parte importante de la población que rodea a las fábricas de coches, viven de esta industria. Y no sólo los que viven directamente de la fabricación de los automóviles.
La industria auxiliar, la que proporciona todo lo necesario para que se fabriquen esos vehículos, los encargados de transportar, de reparar…y tantos otros que sin saberlo tienen un puesto de trabajo gracias a los créditos que se piden para comprar un coche o para vigilar los aparcamientos.
El automóvil necesita un poco de atención para su fabricación. Y no sólo eso. A las dificultades que nos ha traído la crisis, hay que sumar los impedimentos que sentimos los automovilistas en lo cotidiano para movernos por las grandes ciudades.
Hay que felicitar a los responsables de la Seguridad en las carreteras por la disminución de la accidentalidad en las carreteras, pero al mismo tiempo habría que pedir un poco de comodidad para los automovilistas a la hora de moverse dentro de la ciudad. Un poco más de comprensión para evitar que, a la crisis, se sumen las incomodidades cotidianas por todo el entorno y el agobio que sienten los conductores con tanto control y con el incremento del número de multas.
Es plausible evitar los excesos de velocidad, el alcohol, los heridos y los muertos, pero no lo es tanto algunos radares en el interior de las ciudades que buscan, claramente, convertirse en recaudadores.
Entre unas cosas y otras, el automovilista lo piensa varias veces antes de lanzarse a comprar un coche, que no puede aparcar, con el que se mueve con dificultad, al que le ponen multas no siempre justificadas. Un coche que significa una inversión a fondo perdido que cada vez tiene menos comodidades y más responsabilidades.
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