Lejos del proceso de ascenso al gobierno de la izquierda sudamericana, en Centroamérica lo que se observa es una grave crisis. En Honduras y Guatemala los partidos de izquierda apenas existen. Y en Costa Rica la izquierda sucumbió frente a una historia de más de medio siglo de moderación de la derecha.
Estado
En El Salvador y Nicaragua, donde la izquierda fue tradicionalmente popular y
beligerante durante las dictaduras, sobrevive en medio de crónicas divisiones y
crisis. Los dos partidos más grandes e históricos de la izquierda
centroamericana, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), de
Nicaragua, y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de El
Salvador, hasta por los nombres parecen recortados por una misma tijera.
Ambos fueron movimientos guerrilleros de corte marxista, procastristas,
antiestadounidenses y con fuerte arraigo popular. Hoy, ambas agrupaciones
atraviesan, a diferencia de la izquierda sudamericana, por una crisis semejante:
liderazgos autoritarios y caudillistas; incapacidad de actualización del
ideario; discursos retóricos y divisionismos crónicos.
Desde los inicios
de la década de 1990, estas dos agrupaciones se institucionalizaron e iniciaron
un camino dentro de un sistema que pasaría de las guerras sufridas en dos
décadas anteriores a procesos democráticos. Desde entonces, casi una década y
media, no han podido alcanzar el gobierno pese a su histórico arraigo popular.
Napoleón Campos, analista salvadoreño, considera que ambos movimientos
“no han actualizado su ideario ni renovado su liderazgo, tampoco han dejado
atrás su retórica anticapitalista y antiestadounidense”.
Julio Hernández,
líder de una facción moderada del FMLN que en abril próximo podría quedar
fulminada por la acción del ala ortodoxa, explica: “El actual liderazgo está
dentro del sistema para cambiar el sistema; ello le implica un liderazgo y un
partido fiel a ese principio, lo cual impide una política de alianzas para
lograr las reformas posibles, y de ahí avanzar, como ha sucedido en los procesos
de Sudamérica”.
En la actualidad, tanto el FSLN como el FMLN están en
procesos preelectorales internos que comienzan a preocupar a algunos de sus
propios dirigentes históricos. En el caso de Nicaragua, las tendencias
enfrentadas son: la ortodoxa, encabezada por el ex presidente Daniel Ortega, y
la renovadora, liderada por el ex alcalde de Managua, Herty Lewites. Los dos
protagonizan una batalla pública que está desgastando la credibilidad de dicha
agrupación que se pronostica como triunfadora en las elecciones generales del
año entrante.
Alejandro Martínez Cuenca, una voz de peso en el FSLN,
advirtió a Daniel Ortega y a Herty Lewites que, de continuar sus confrontaciones
y acusaciones públicas, el sandinismo podría dividirse y pasar a la
clandestinidad, como en los años 70. En realidad, lo que Martínez advierte es
que el FSLN podría perder la oportunidad de llegar al poder en 2006. Ambos,
Ortega y Lewites quieren ser candidatos a la presidencia por el FSLN, pero
Ortega expulsó recientemente a su rival de las filas del partido y lo acusó de
ser un “Judas y traidor, lamebotas del imperialismo”. Lewites no ha tenido
sellada la boca y ha respondido a Ortega y a sus seguidores con calificativos de
“dictadores” y “corruptos”.
Este fin de semana, Ortega parece haber
ganado una batalla. El congreso sandinista lo proclamó su candidato presidencial
y ratificó la expulsión de Lewites. Así, el ex presidente acudirá por cuarta vez
consecutiva en busca de la presidencia que ya perdió cuando se enfrentó a
Violeta Barrios de Chamorro (1990); Arnoldo Alemán (1996) y a Enrique Bolaños,
el actual mandatario (2001).
En El Salvador, el FMLN es guiado por una
facción liderada por el veterano comunista Schafik Handal, que en más de una
década ha ido desplazando a los verdaderos fundadores del movimiento armado,
para posesionarse del aparato partidario.
“En abril próximo, la asamblea
nacional del FMLN decidirá una reforma que quiere anular las elecciones
primarias en el interior del FMLN, las que se instauraron para elegir a sus
líderes y a los candidatos a cargos de elección popular. Esto desnaturalizaría
la razón de ser del FMLN”, explicó Julio Hernández, quien finalmente advirtió
que, de triunfar la tendencia ortodoxa de Handal “sobrevendría una fuerte y
grave crisis política del FMLN, quizás como nunca antes”.
En Guatemala la
ex guerrilla, denominada durante los últimos años como Unidad Revolucionaria
Nacional Guatemalteca (URNG), está prácticamente desintegrada desde que en 1996
hizo un pacto de paz con el gobierno.
En Honduras una fuerza de izquierda
denominada Partido de la Unificación Democrática (UD) tiene apenas cinco de los
190 diputados nacionales. El analista salvadoreño Roberto Rubio concluye que,
ante el fracaso de la izquierda política en El Salvador, lo que se impone es el
surgimiento de izquierda social, movimientos horizontales que estén más ligados
a la lucha contra la pobreza y la exclusión, y que puedan propiciar nuevos
sujetos políticos y renovados liderazgos. La fórmula quizá, igualmente, se
podría trasladar a toda el área centroamericana, con más de 30 millones de
habitantes, de los cuales la mitad son pobres.
Fuente: La Opinión (EEUU)
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