Los referéndums sirven de pretexto para una legitimación falsa, que crea unas reglas no preestablecidas y que por lo tanto engañan al resto de los actores. Son una legitimación imaginaria del poder.
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Lunes, 20 de abril 2026

Los referéndums sirven de pretexto para una legitimación falsa, que crea unas reglas no preestablecidas y que por lo tanto engañan al resto de los actores. Son una legitimación imaginaria del poder.
Editorial
Morales ha seguido la lógica de Hugo Chávez y ha decidido impulsar su reelección indefinida. O, mejor dicho, ha dado instrucción a sus seguidores para que promuevan el tema. Como Chávez, Morales quiere concluir su tarea que no es otra que la de transformar el país convirtiéndolo en una república igualitaria, si esta fórmula es admisible.
Pues tanto Morales como Chávez, en su dialéctica populista, se atribuyen el mérito de favorecer la igualdad, por encima de cualquier otra persona o ideología. Son los únicos, según sus propios criterios, que pueden intervenir para generar un estado menos desigual y con un hondo sentido de solidaridad. Lo que no admiten, desde luego, es que sus proyectos producen una profunda división política y social, y encaminan a la economía hacia un callejón sin salida.
¿Por qué el proyecto populista es inviable? Pues porque pretende distribuir una riqueza que es incapaz de crear. Porque presume de atender las necesidades con un asistencialismo que profundiza, más que aligera, las cargas de la pobreza. Los caudillos latinoamericanos tienen esa perversa costumbre de prometer un páramo social atacando las condiciones ineludibles del desarrollo: el fomento de la iniciativa privada y la protección de la propiedad.
Morales quiere eternizar su revolución. Hacerla imperecedera; y en el camino dejar de lado la convivencia con otros proyectos y otras ideas que son calificadas como excluyentes o conservadoras. Como el propio discurso de los Kirchner en Argentina, para quienes la oposición es un vestigio de la vieja oligarquía terrateniente. Cristina, al igual que los otros populistas, polariza el debate entre quienes tienen intenciones loables (ellos mismos) y el resto de la oposición.
Volviendo a Morales, sus partidarios afirman que “no estamos de paso. Estamos para quedarnos hasta consolidar este proceso y si para ello requerimos la reelección del presidente Evo Morales, el pueblo lo decidirá”. Mientras tanto, la política se estanca, los partidos pierden renovación y los obsecuentes de siempre se sienten protegidos por la falta de alternancia. Aquello que los politólogos definen técnicamente como un “enquistamiento” en el poder.
La costumbre de los referéndums abre una práctica irregular que transgrede las pautas institucionales y sirve como excusa para quienes se creen únicos. Sirve de pretexto para una legitimación falsa, que crea unas reglas que no estaban preestablecidas y que por lo tanto engañan al resto de los actores. Y en esta construcción antojadiza de la política, pierden los partidos, las instituciones y la democracia en general. Precisamente aquello que los revolucionarios prometen defender.
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