Resulta decepcionante que Sachs repita los tópicos que perpetúan la pobreza en el Tercer Mundo.
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Sábado, 07 de febrero 2026

Resulta decepcionante que Sachs repita los tópicos que perpetúan la pobreza en el Tercer Mundo.
editorial
La revista Time decidió en su último número salir en portada con el rimbombante título de “Cómo acabar con la pobreza”. El autor de la nota es el economista de Harvard, Jeffrey D. Sachs, quien suele ser una especie de gurú para muchos líderes mundiales entre los que se incluyen el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
Sachs, a sus bien llevados 50 años, recorre el mundo promoviendo la agenda del Milenio de la ONU, en la cual los dirigentes del mundo se comprometieron a buscar la paz, el fin de la pobreza y un medio ambiente más limpio. Según Sachs, nuestros conocimientos, ciencia y tecnología podrían mejorar espectacularmente las horrendas condiciones de vida de los más pobres del mundo. Se podría librar a millones de personas del paludismo, el VIH/SIDA, el hambre y la vida en los barrios de chabolas.
Resulta decepcionante que Sachs en su artículo cargue todas las tintas en los países ricos: “Lo más importante de todo es que los países más ricos del mundo deben hacer mucho más para ayudar a los países más pobres a utilizar la ciencia y la tecnología modernas con vistas a resolver esos grandes problemas”. Esto significa que todos los países donantes se comprometan a “adoptar medidas concretas” para llegar al 0,7 por ciento de la renta nacional en ayuda para el desarrollo prestado a los países pobres.
Decir que los países ricos deben donar esas sumas siderales de dinero significa no entender las causas del subdesarrollo. No se trata de un problema de solidaridad ni tampoco es una cuestión crediticia. Los países ricos llevan décadas insuflando dinero fresco a los países pobres para que éste se escurra por los arroyos del derroche y el pillaje. Sachs debería admitir que la ONU, que lo ha nombrado Asesor Especial sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con este nueva agenda acaba de admitir su estrepitoso fracaso ya que viene postulando los mismos objetivos desde hace al menos cuarenta años.
Sachs dice, por ejemplo, que la biotecnología puede salvar a los países pobres de la hambruna. Es cierto: en 1998 África perdió por un virus la mitad de su cosecha de mandioca; la biotecnología podría alcanzar dentro de poco tiempo un cultivo de mandioca resistente a esos virus a través de modificaciones genéticas. ¡Pero los ecologistas se oponen! Entonces, ¿de quién es la culpa? Allí es donde Sachs se calla porque si ataca a los ecologistas nadie lo aplaudirá pero si ataca la tacañería de George Bush la ovación será estruendosa.
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