Política

La reforma migratoria de Bush puede quedar en la nada

El anuncio del presidente George W. Bush, a principios de año, de proponer al Congreso un plan de reforma migratoria se ha quedado hasta el momento en mera llamarada de petate ardiendo entre voces antiinmigrantes. Pareciera que crece el temor de que pasada la humareda se reviertan las intenciones y en vez de reforma se impongan nuevas regresiones.

Inmigración
El asunto, visto así, se ha convertido en un arma de dos filos y tiene, además,
en medio de su ruidoso silencio, diferentes lecturas. Hay quienes ven en el
hecho de que la Administración Bush no envía un proyecto de ley de reforma
migratoria propiamente dicho el rompimiento de la promesa presidencial… pero
asimismo otros consideran la ausencia de dicha propuesta como una estrategia de
la Presidencia para que sea el Congreso —puesto que es donde está la última
palabra— el recinto de donde salga la anunciada reforma antes de que el
mandatario queme sus cartuchos de capital político entre sus propios partidarios
quienes, por lo demás, no pueden ocultar su división al respecto.

Será de
esperarse que una vez que se esté discutiendo la posible legislación de una
reforma migratoria, el primer mandatario salga en su apoyo y acaso entonces
incline la balanza a favor de los trabajadores inmigrantes. Pero desde luego eso
está por verse.

Todo depende pues del Congreso en donde el esbozo de la
propuesta de Bush (dado a conocer hace más de un año en Monterrey, Nuevo León,
México, dentro del marco de una Cumbre de las Américas y reiterado en enero
pasado) es desarrollado, redactado a dos plumas, por los senadores John McCain y
Edward Kennedy. Lo que resulte llevará el signo bipartidista que le permitiría
levantar el vuelo del debate en el Capitolio. McCain, republicano de Arizona y
Kennedy, demócrata de Massachusetts, serán las cabezas de esta batalla
legislativa cuyo principal enemigo es el absurdo clima antiinmigrante que sigue
creciendo en el país.

No es hoy, cuando la derecha domina, el mejor
momento para presentar una propuesta de ley que busque la regularización de los
indocumentados; no resulta oportuno que ahora se busque crear un proyecto
legislativo que les brinde protección y preserve sus derechos humanos y
laborales, pero por paradójico que resulte ahora es cuando. Urge un dique a
tanta barbarie como puede desencadenarse si la xenofobia sigue el ritmo que
lleva.

El fenómeno migratorio, está visto, es imparable. Con todo, sin
embargo, puede ser controlado legalmente, pero no será reducido ni con patrullas
de aventureros cazainmigrantes ni con ejércitos mercenarios ni con
muros.

La reforma ofrecería un corto programa de trabajadores huéspedes
pero en ello iría la apuesta por un más amplio reconocimiento a la dignidad de
los trabajadores indocumentados y el intento por demostrar que éstos no
representan amenaza ninguna, como quieren hacer creer los más severos
derechistas y los más rancios grupos xenófobos en el país.

Éstos han
despertado temores con un discurso patriotero, azuzando contra los trabajadores
inmigrantes, propiciando que representantes como James Sensenbrenner tengan
éxito en sus políticas para bloquear la frontera y logrando que en estados como
Arizona se impulsen aberraciones como la Iniciativa 200. Son éstos los enemigos
verdaderos en la lucha legislativa que se derivará de la propuesta
McCain-Kennedy. El rival a vencer es el ruido creado por los conservadores
ultranacionalistas en contra de los indocumentados, en quienes han encontrado el
blanco de su frustración luego de la afrenta perpetrada por los terroristas el
11 de septiembre de 2001. La desconfianza, el resentimiento, el desempleo
generan un caldo de cultivo que los antiinmigrantes condimentan aprovechando las
cifras y la pujanza de la comunidad mexicana en el país.

Grave resulta
que se comience a hablar de “la invasión mexicana”, una frase recurrente entre
estos supernacionalistas, con la que alimentan la preocupación de la derecha en
el poder, respecto a la pérdida de control y soberanía. Nada más amenazante para
un estadounidense que la pérdida de control en su propia tierra.

Y acaso
el mayor obstáculo para McCain y Kennedy sea precisamente Sensenbrenner, cuya
oposición a una reforma migratoria integral tiene en jaque la partida. Como
presidente del comité judicial de la Cámara de Representantes mantiene la
facultad, la prerrogativa sobre el tema migratorio, por eso se le considera un
alfil que más allá de si se aprueba o no su indigna Real Id Act en el Senado,
puede darle mate a cualquier reforma migratoria por más limitada que ésta
sea.

Fuente: La Opinión
(EEUU)

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