La última encuesta de Diario Exterior inquirió sobre qué decisión había que tomar sobre los inmigrantes que habían quedado fuera del proceso de regularización y que, por lo tanto, seguían residiendo en España en condiciones de ilegalidad. Los lectores han apoyado en moderada mayoría la decisión de expulsarlos del país.
En segundo término optaron por ofrecer la oportunidad de regularización
La última encuesta de Diario Exterior inquirió sobre qué decisión había que tomar sobre los inmigrantes que habían quedado fuera del proceso de regularización y que, por lo tanto, seguían residiendo en España en condiciones de ilegalidad.
Los lectores han apoyado en moderada mayoría la decisión de expulsarlos del país en supuesta coincidencia con la postura que manifiesta la secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, quien defendió las expulsiones por efectuarlas de manera “totalmente discreta”.
Así, la mayoría de los votantes mostraron su inclinación hacia posturas más rígidas en cuanto al tratamiento de la inmigración. Quizá pueda decirse que los lectores están pidiendo medidas más duras para que en España se acaben de una vez por todas las redes de explotación sexual y el tráfico de menores, problemas, entre otros, asociados y potenciados por la inmigración ilegal.
Estos lectores puede que piensen que los inmigrantes deben tener todos los derechos, pero también cumplir con todos los deberes. Esto implica que quienes lleguen a España sean conscientes de que deberán respetar nuestras leyes y nuestro sistema de valores, propios de las democracias occidentales, de la libertad y del respeto a los derechos humanos.
En segundo lugar, los lectores votaron para que se les diera una segunda oportunidad a quienes habían quedado fuera el proceso de regularización. Aquí está claro que los lectores recuerdan lo que significó el “efecto Caldera” (por el ministro de Trabajo, Asuntos Sociales e Inmigración español, Jesús Caldera, impulsor de la regularización): despido de trabajadores inmigrantes por miedo a ser denunciados, fraude en la presentación de los “papeles”, descontrol, agobio y desinformación.
En otras palabras, aquellos lectores saben bien que los inmigrantes que se pudieron regularizar lo hicieron gracias a la solidaridad de sus empleadores y al suplicio que aguantaron frente la puertas de las oficinas públicas, y que quienes no pudieron hacerlo merecen otra oportunidad.
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