En el día de ayer, Moratinos, en su arte de desdecirse, llegó a decir que las relaciones con EEUU eran “normales” pero todo el mundo sabe que no es así, que España no cuenta
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Lunes, 07 de septiembre 2026

En el día de ayer, Moratinos, en su arte de desdecirse, llegó a decir que las relaciones con EEUU eran “normales” pero todo el mundo sabe que no es así, que España no cuenta
editorial
La política exterior está en un terreno sobre el que el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha querido decididamente pasar la página de los años Aznar. Aunque ayer el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, haya querido en su comparecencia en el Congreso vender que este Gobierno apostó por la paz y la democracia en Irak, nadie puede olvidar que el primer gesto del recién asumido Zapatero fue retirar las tropas españolas de Irak.
Es que el arte de Moratinos es tirar la piedra y esconder la mano. Lo hizo el 22 de noviembre del 2004 cuando acusó al Gobierno anterior de haber apoyado el efímero golpe de Estado contra el presidente venezolano Hugo Chávez, en abril de 2002. Pasaron diez días de ominoso silencio hasta que el ministro se desdijo de sus declaraciones y declaró que “no dije que apoyó sino que no condenó”. Y es que parece que para este diplomático todas las palabras son sinónimos.
Chávez vino en esos días a España a hacer antiamericanismo porque contaba con la complacencia de Moratinos y Zapatero. En contraste, lo que no hacía Moratinos lo tuvieron que hacer los Reyes de España al intentar reestablecer las relaciones con Estados Unidos en una visita privada a la familia Bush. Que los Reyes tengan una agenda internacional paralela y distinta a la que tiene el Gobierno evidencia la monumental confusión que hoy existe en la política exterior española.
Luego de haber enviado el mensaje a la comunidad internacional anunciando que un gobierno español había apoyado un golpe de Estado tercermundista y bananero, impulsó el levantamiento de las sanciones de la Unión Europea a Cuba, aceptando como moneda de cambio la liberación incondicional de prisioneros políticos. A partir de aquí, la figura de Moratinos comenzó a ser aún más cuestionada, y hasta el equilibrado Mariano Rajoy llegó a pedirle la dimisión “por pudrir un problema generado única y exclusivamente por una actuación imprudente” del ministro de Asuntos Exteriores.
Fue entonces cuando el The Wall Street Journal, publicó un editorial incendiario con el título “El presidente accidental”, diciendo: “José Luis Rodríguez Zapatero trata con consideración a los terroristas, frecuenta a los dictadores y dilapida el prestigio internacional de España”. La confirmación de lo anterior vino luego de las elecciones ganadas por Bush en EEUU en las cuales el Gobierno español apostó en forma ingenua y torpe por la victoria de Kerry. Después del triunfo, la diplomacia española tuvo que morderse la lengua y mandó señales de afecto y consideración a la Casa Blanca que fueron ignoradas en forma palmaria.
En el día de ayer, Moratinos, en su arte de desdecirse, llegó a decir que las relaciones con EEUU eran “normales” pero todo el mundo sabe que no es así, que España no cuenta y que la administración Bush sólo es amiga de sus amigos. Por eso, su secretaria de Estado de visita por Europa no hace escala en Madrid y por eso Bush no hablará con Zapatero cuando venga a Europa. Así todo, Moratinos entiende que el hecho de que una multinacional norteamericana venga a instalarse a España es un signo evidente de que las relaciones con la primer potencia mundial son fluidas y normales.
Los españoles pueden comprender y asumir las dificultades de la política exterior de Moratinos tras la retirada de las tropas de Irak. Sin embargo, no se puede comprender la torpeza de gestos o las iniciativas que posicionan a España en un aislacionismo y una marginalidad que a futuro genera como mínimo incertidumbre.
La lista de traspiés podría seguir con su apoyo incondicional a los vinos de Burdeos, la visita secreta de José Bono a Venezuela, la cesión peligrosa de España en Gibraltar, la excesiva obediencia y sumisión al eje París-Berlín, el trillado cantito del “Somos Europa”, y la bochornosa e ilegal campaña de promoción de la Constitución Europea. Son demasiados errores para la imagen de España en el mundo. Sólo pedimos que quien represente a España imprima una estrategia en la que sea España, y no terceros países, la protagonista de los objetivos que se quieren alcanzar.
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