Un nuevo éxito del tenista español, esta vez en Australia. ¿Hasta dónde puede llegar Rafa Nadal? Lo desconocemos. Cada torneo que juega es un reto para él. Su sed de éxitos es imposible de aplacar.
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Jueves, 13 de agosto 2026
Un nuevo éxito del tenista español, esta vez en Australia. ¿Hasta dónde puede llegar Rafa Nadal? Lo desconocemos. Cada torneo que juega es un reto para él. Su sed de éxitos es imposible de aplacar.
Editorial
En Melbourne se ha estado desarrollando durante los últimos quince días el primer Gran Slam del año. La “Armada Invencible”, que es como se conoce a nuestros tenistas, acudía repleta de moral tras el triunfo en la Copa Davis sobre Argentina y lo hacía con su líder natural y espiritual, Rafa Nadal, ausente en Mar del Plata por lesión.
Había ciertas dudas de cómo respondería el manacorí, pues la recta final del pasado año estuvo lesionado y, por tanto, sin competir. Pronto los interrogantes desaparecieron: nunca había ganado en Australia (el pasado año alcanzó semifinales) por lo tanto, tenía un desafío importante que cumplir.
Su camino hacia la final fue fácil hasta el encuentro en semis frente a Fernando Verdasco. Épico partido el que disputaron los dos tenistas españoles. Ambos merecieron la victoria. Toda España se sintió orgullosa de nuestros compatriotas: de su competitividad, de su amor propio, de su fe, de su fair-play…un ejemplo que debería cundir entre los más jóvenes.
Ayer se jugó la final. El número uno del mundo (Nadal) contra el dos (Federer). De nuevo fue un partido que pasará a la historia, como casi todos los anteriores entre ambos. Casi cinco horas de tenis exquisito. Los duelos entre estos dos grandes deportistas han hecho que el espectador vuelva a creer en el tenis. Están a la altura de los Borg vs McEnroe, Lendl vs Wilander, Becker vs Edberg o Sampras vs Agassi por citar sólo los más recientes.
En los meses pasados hemos aplaudido la figura de Nadal como deportista y la hemos vinculado a otra dimensión: la humana. Su cercanía al público es total, como su humildad. Asimismo, muestra un aspecto que es muy de alabar: su orgullo de por español. Uno de sus grandes rituales es abrazar la bandera de España tras imponerse en aquellas competiciones en las que participa.
Sin duda alguna este prodigio pasará a la historia. Deberíamos valorar mucho todo aquello que consigue y no caer en el error de simplificarlo. Nadal es humano por lo cual algún día saldrá derrotado en un torneo. Será entonces, probablemente, cuando los logros y grandeza de este chaval de 22 años cobrarán una mayor dimensión si cabe. ¡Enhorabuena ahora y siempre, Rafa!
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