Ayer se celebró el último debate televisivo entre los dos candidatos a la Casa Blanca. Nuevamente, la economía atrajo los focos de la pelea dialéctica. McCain pasó al ataque definitivo pero puede que no sea suficiente para vencer a Obama, favorito en las encuestas
Editorial
Los estadounidenses acudirán a las urnas el próximo 4 de noviembre empujados por la economía y la crisis financiera. Puede que nunca hayan votado pensando tanto en subolsillo como ahora.
Se enfrentan dos maneras de responder a la tormenta desatada en Wall Street y que ya amenaza gravemente a todo el sistema. El “menos impuestos, menos gasto público” de John McCain frente al “plan de rescate” para la clase media de Barack Obama.
El discurso del republicano pivota sobre la necesidad de que los ciudadanos dispongan del mayor dinero posible en sus manos para combatir la crisis que viven en el día a día. Su rival demócrata, sin embargo, considera que la gran mayoría no podrán hacerlo solos. Por eso defiende la necesidad de recaudar más de las carteras más llenas del país para repartirlo con la clase media, la que resultará más perjudicada a largo plazo.
El ejemplo del fontanero Joe, un hombre que acusó la pasada semana a Obama de impedirle realizar el famoso “sueño americano” de comprar su negocio por culpa del aumento de la presión fiscal, ha dibujado un perfil concreto del debate. Allí McCain sacó toda su artillería para desacreditar los planes de su rival.
Obama usó una respuesta fácil para hacer ver al electorado que McCain va de la mano de Bush, y así culpar a ambos por igual del caos que ahora vive el país. Para los demócratas es clave que la imagen y el programa del candidato republicano se asocien con la del actual presidente, y según las encuestas su apuesta, de momento, está funcionando.
No obstante, hace cuatro años George W. Bush acudía a las urnas en una situación de empate técnico con John Kerry y acabo arrasando a los demócratas en los estados clave. La delantera la lleva ahora Obama, pero si McCain consigue movilizar a la llamada América profunda, puede haber sorpresas.
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