Editorial
“Hoy, 11 de mayo, un grupo de descontrolados ha prendido fuego a varias iglesias y edificios religiosos en Madrid y en otras partes de España”.
2006 ha sido declarado por nuestro Parlamento “año de la memoria histórica”. Pues bien. Recordemos. Recordemos que hoy hace 75 años empezaron a arder iglesias en Madrid, y no por combustión espontánea, sino porque la Segunda República permitió que se desencadenara un odio irracional contra la religión en España.
Conviene recordar estas cosas porque no se quedaron en el pasado. Hasta hace un par de años, la mayoría de los españoles ya habían enterrado esos fantasmas, pero “alguien” se ha encargado de resucitar viejas rencillas cainitas.
Todo esto sería pura anécdota si no fuera porque quien ha vuelto del pasado para oscurecer el presente es ni más ni menos que el Presidente del Gobierno.
El Sr. Rodríguez Zapatero se ha declarado abiertamente admirador de aquella barbarie y de aquel desgobierno que acabó, como todos saben, en guerra fratricida.
La cuestión es que en sus manos está la Política Exterior de España que, curiosamente, en los años 30 miró hacia su modelo preferido: la joven Unión Soviética. Hoy mira hacia Cuba, Venezuela y Bolivia. ¿Casualidades? Esperemos que sí y que no sea un patrón de comportamiento consistente en volver la mirada hacia aliados ideológicos antes que a los estratégicos. Los primeros traen problemas, los segundos inversiones.
No repitamos los errores del pasado.

















