El último periodo de sesiones en el parlamento español ha sido fecundo en “escándalos” y comparecencias forzadas del ministro de exteriores, Miguel Angel Moratinos, para explicar sus posiciones o declaraciones. Nunca un ministro del ramo había sido obligado a dar tantas: Cuba, Gibraltar, Venezuela, el vino de Burdeos, el Sahara, submarinos nucleares, espionajes… Rafael Estrella reconoce que no es una posición cómoda para el gobierno y reclama consenso para una política que es de “Estado”.
Toda una vida dedicada a la política en las Cortes Españolas.
Rafael Estrella es el portavoz
socialista en la que, sin duda, es la comisión “estrella” del
parlamento español. Nunca había sido así pero como dice el refranero, tan de
moda este fin de semana, “de aquellos polvos vienen estos lodos”.
En
1996, a Estrella, le tocó poner la cara de la oposición al nuevo gobierno de
José María Aznar. La política exterior española no había tenido hasta entonces
especiales sobresaltos y desde la marcha atrás de la OTAN, tan sólo izquierda
unida incordió a Suarez, a Calvo Sotelo, a González y a sus respectivos
ministros. Se consideraba una política de Estado y se repetía con reiteración
que la unidad de los principales partidos (PP y PSOE) fortalecía la imagen, la
posición internacional de España y la defensa de sus intereses.
Hasta
ese año, la comisión de exteriores pasaba inadvertida en el panorama
informativo. El partido socialista, que estrenaba oposición, se debatía en la
inconclusa sucesión de González y se perdía en ajustes y reajustes. No así en
política exterior. El objetivo y la consigna fue primero riduculizar la figura
del nuevo presidente del gobierno y luego, sistemáticamente, oponerse a la
acción del gobierno con motivo o sin él.
¿Hubo realmente un cambio en la
política desarrollada por Aznar?. Mas allá de las interesadas diatribas
políticas, muchos analistas independientes, en España, consideran que no en lo
sustancial, pero si en la actitud de un gobierno que pretendía para España una
posición propia en el ámbito internacional y hacer valer el peso real de la
nación. Los tradicionales temas de la política exterior española empezaron a
moverse.
Aznar no estaba de acuerdo con la Europa de
dos velocidades que preconizó Gonzalez y contra todo pronóstico y no menos
ajustes consigió entrar en el euro y un tratado, el de Niza, que situaba a
España entre los grandes de Europa. Pagó las millonarias deudas que España tenía
con la ONU. Para Gibraltar se planteó la
posibilidad de compartir la soberania con el Reino Unido y se mantuvo con
firmeza la tradicional posición de no considerar al Peñón y sus autoridades
locales parte en el conflicto. Para el Sahara se siguió
la posición de Naciones Unidas y el apoyo al referendum.
Iberomérica conoció el intento español de dotar al sistema de
cumbres de contenido político y se creó un secretaría permanente en Madrid.
Cuba conoció la firmeza de un gobierno dispuesto a forzar
el respeto a los derechos humanos. Este país, junto a
Marruecos, pusieron dificultades diplomáticas al gobierno de
Aznar. La cooperación antiterrorista con Francia alcanzó
niveles de eficacia históricos…
Aznar y sus ministros repetían que
España debía ocupar en el mundo un lugar político acorde al que ya
desempeñaba en la economía y la cultura. Y en esto llegó el 11 de septiembre de
2001 y el ataque del terrorismo islamista a las torres gemelas, el Pentágono y
los frustados del Capitolio o la mismisima Casa Blanca. Lo que después vino es
conocido.
Estrella ya no era el portavoz de Exteriores pero se empleo a
fondo con disciplina y convencimiento. La oposición descarnada a la política
exterior española y la ruptura del tradicional “Consenso” había comenzado,
sin embargo, cinco años antes.
Toda una vida dedicada a
la política en las Cortes Españolas.
Nació en Almería el
20 de mayo de 1950. Cumplirá 55 años el próximo Mayo. Rafael Estrella va con el
medio siglo. Está casado y tiene dos hijos. Licenciado en Filosofía y
Letras, ha sido profesor asociado de Geografía en la Universidad de Granada.
Decimos “ha sido” porque no hay excedencia que aguante los 27 años
ininterrumpidos que Rafael Estrella lleva en las Cortes españolas. Con 27 años
llegó al Senado, es, por lo tanto, miembro del exclusivo club de
parlamentarios españoles que vieron nacer la Constitución de 1978. Sus
biografías oficiales nos indican que milita en el PSOE desde 1974, que está
afiliado a UGT, que ha sido Presidente del PSOE de Granada y Secretario de
Organización del PSOE de Andalucía y que en la actualidad es vocal del Comité
Ejecutivo Provincial (CEP) de Granada.
Rafael Estrella fue senador
ininterrumpidamente en las Legislaturas I, II, III y IV. Con un breve
periplo en el parlamento europeo (1986-1987), volvió a las Cortes a tiempo para
ser diputado en las legislaturas V, VI, VII y VIII. Son todas y cada una de
las que ha constado la democracia española, recuperada en 1975.
Es el
actual portavoz del grupo socialista en la Comisión de Asuntos Exterior del
Congreso de los Diputados. Ya lo fue en la legislatura del 96, la primera de
Aznar. Los vaivenes de la política “partidaria” (Almunia, Borrell…) le
llevaron a la comisión mixta para la UE. Ahora, con Zapatero, ha recuperado su
cargo en Exteriores, la comisión “estrella”, de las muchas que se ocupan en el
Parlamento español de cuestiones internacionales.
También es vocal
de la Diputación
Permanente, vocal de la Comisión de Defensa, vocal de
la Comisión
Mixta para la Unión Europea, presidente de la delegación española en
la Asamblea
Parlamentaria de la OTAN y vocal de la delegación española en
el Grupo de Amistad con la Cámara de los Comunes del Reino Unido.
De su largísma trayectoria política a
Rafael Estrella le gusta recordar que ha participado en la elaboración del
Programa Electoral para 2004, coordinando la parte de la UE (es el programa en política
exterior que ahora intenta aplicar el presidente Zapatero), que ha sido
vicepresidente del Partido de los Socialistas Europeos,
copresidente del Grupo Conjunto de la Asamblea de la OTAN-Parlamento para
el seguimiento de los acuerdos OTAN-RUSIA y Presidente de la Asamblea
Parlamentaria de la OTAN entre 2000 y 2002
Asi ve las “cosas” Rafael
Estrella.
Rafael Estrella es un
hombre afable, educado y tranquilo. Hace gala de un talante templado y
conciliador. Dotado, según sus compañeros de partido, de gran olfato político
sabe posicionarse con rapidez en cualquier escenario por difícil que sea. Si
toca, por ejemplo, ser agresivo en el debate o en sus planteamientos públicos lo
es, aunque confiese luego cierta vergüenza por ello. Su página web personal, la
primera que un diputado tuvo, estuvo llena de algunos exabruptos y enlaces
injuriosos contra sus adversarios políticos, incluido el presidente Aznar y su
familia. También tenía cosas interesantes. Ahora, afortunadamente para él, está
en remodelación el sitio de este diputado que supo adelantarse a su tiempo
y “ver” la fuerza de Internet para casi todo.
El último periodo de
sesiones en el parlamento español ha sido fecundo en “escándalos” y
comparecencias forzadas del ministro de exteriores para explicar sus
posiciones o declaraciones. Nunca un ministro del ramo había sido obligado
a dar tantas explicaciones: Cuba, Gibraltar, Venezuela, el vino de Burdeos, el
Sahara, submarinos nucleares, espionajes… Estrella reconoce que no es una
posición cómoda para el gobierno y reclama consenso “para una política que es de
Estado”.
Cómo ve las cosas de la política exterior Rafael Estrella lo
encontramos en el artículo “2005: la nueva política exterior”,
publicado el pasado 29 de Diciembre por diferentes medios y también en la red.
Nadie mejor que él mismo para explicarnos sus reflexiones ante el panorama
actual de la política exterior en España.
El Partido
Popular.
“Después del 14
de marzo, todo indicaba que, tras los cambios previsibles (regreso de las tropas
de Irak, retorno de España al núcleo central del la construcción europea, etc),
la política exterior dejaría de estar en el centro del debate político interno.
Evidentemente, no ha sido así y el resultado es que, a tenor de lo visto en el
Parlamento durante el último Período de Sesiones, se puede hablar de un consenso
“a ocho menos uno” en la política exterior española, al igual que ocurriera en
los últimos años de Aznar. Frente a ese consenso, el Partido Popular, ahora en
la oposición, no ha buscado una legítima influencia, sino dirigir, bloquear y
deslegitimar la política exterior, quedándose aislado una y otra vez en ese
empeño”.
“Corresponde al
PP y, en particular, a Mariano Rajoy, decidir si continúa en la estela de Aznar
o si, por el contrario, comienza a ejercer la autonomía que debe acreditar su
liderazgo interno y externo. Esa es, por tanto, la primera incógnita de la
política exterior española para 2005: saber si el principal partido de la
oposición sigue por la senda de confrontación y deslegitimación marcada por
Aznar, utilizando la política exterior como instrumento de acoso al Gobierno o,
si por el contrario, el PP interioriza y acredita la oferta de Rajoy para una
política exterior de Estado. La política exterior aparece así, también, como un
elemento que va a definir, en los próximos meses, el debate interno en el PP y a
reafirmar o seguir desdibujando el liderazgo de Rajoy”.
“No cabe duda de
que los intereses de España estarán mejor servidos si Rajoy decide dejar atrás
la herencia e imprimir un sello propio que ayude a los españoles a pasar página
de los errores cometidos por su antecesor en política exterior, que han
perjudicado considerablemente al PP. En cuanto al Gobierno, es evidente que
dirigir la política exterior en un clima de confrontación con el principal
partido de la oposición no resulta cómodo. Sin embargo, ese empeño del PP por
bloquear la nueva política exterior ha provocado unos efectos que, parece claro,
no perseguía el PP”.
“En primer lugar,
ha contribuido a acentuar los perfiles, las ideas-fuerza de esa nueva política
exterior que han respaldado los españoles; también la noción de que la
alternativa que se ofrece es la política que los ciudadanos repudiaron el 14 de
marzo; en segundo lugar, ha permitido evidenciar que la política exterior del
nuevo Gobierno cuenta, en sus elementos centrales y en sus estrategias, con el
respaldo y la confianza de siete de los ocho Grupos Parlamentarios del Congreso.
Todo ello no hace sino reforzar internamente al ministro Moratinos ante el
ataque del PP y reafirmar al Gobierno y al PSOE en la idea de mantener las
líneas directrices de la nueva política exterior”.
La nueva
política euro-mediterránea
“Así va a
ocurrir, en cualquier caso, y así lo percibirán los ciudadanos en 2005, un año
que vendrá cargado de acontecimientos, algunos ya fijados en el calendario, que
van a permitir al Gobierno fijar ese perfil propio e impulsar los objetivos que
la inmensa mayoría comparte en política exterior. Por muchas razones, España va
a tener un papel determinante en lo que el Consejo Europeo ha establecido como
“el año del Mediterráneo”. Barcelona 2005 será la ocasión para evaluar y revisar
un decenio de relaciones euro-mediterráneas. La nueva política euro-mediterránea
que saldrá de Barcelona, además de incorporar elementos como la estrategia de
vecindad y medidas que den mayor visibilidad a esa asociación, va a situar esa
política, previsiblemente, en el marco conceptual de la alianza de
civilizaciones que formuló Rodríguez Zapatero ante la Asamblea General
de Naciones Unidas”.
Iberoamérica.
“La importante
cita latinoamericana de Salamanca va a dotar también de visibilidad el impulso
que el Gobierno pretende dar a las Cumbres Iberoamericanas. España, desde el
respeto, el diálogo y la estrecha cooperación, aspira a recuperar su papel como
interlocutor privilegiado en esta Comunidad de Naciones de la que formamos
parte, un ejercicio que arranca, ya en sus primeros pasos, con un cambio
sustancial de la deteriorada imagen de España en América Latina. Avanzar hacia
el cierre del acuerdo UE-Mercosur e impulsar los nuevos acuerdos de la Unión con
Centroamérica y con la
Comunidad Andina deberán ocupar un lugar preeminente en la
agenda común iberoamericana. Al mismo tiempo, esa renovada relación con América
Latina deberá ser también un elemento central para una imprescindible relación
reforzada y equilibrada con EEUU, prioridad del Gobierno para el año que
comienza”.
Estados
Unidos.
“Son muchos otros
los ámbitos en que, por encima de las discrepancias, los intereses de España
como nación y como miembro de la Unión Europea van a confluir en 2005 con los de
EEUU: de manera prioritaria, la necesidad de poner fin al conflicto
árabe-israelí, logrando un acuerdo justo que permita la coexistencia de dos
Estados. A nadie se le oculta la trascendencia que el fin de este conflicto
tendría para alejar el fantasma del choque de civilizaciones, al que alimentan
tanto la tragedia que vive el pueblo palestino como la crítica situación de
Irak. En esa misma dirección, España y, en general, la UE tiene razones
evidentes para coordinar con otros países y, en particular con EEUU, la acción
contra el terrorismo internacional y la erradicación del odio del que se nutre:
la presencia en Afganistán es sólo el elemento más visible de ese compromiso
español. El décimo aniversario de la Agenda
Transatlántica debiera definir y vertebrar la relación entre
los dos grandes conjuntos económicos y comerciales del mundo: la UE y EEUU,
incorporando estrategias comunes ante los retos que plantea la
globalización”.
Marruecos, el
Sahara, Cuba, Gibraltar
“En la agenda española para
2005 figuran otras prioridades: en enero, la visita de Estado a Marruecos debe
marcar claramente una nueva e intensa etapa, cuyo signo más evidente es la
acción conjunta de soldados españoles y marroquíes en Haití, bajo la bandera de
Naciones Unidas. Pero en el Magreb, España tiene también el objetivo de avanzar
hacia un acuerdo entre las partes que suponga la solución del prolongado
conflicto del Sahara, una solución que pasa, evidentemente, por el ejercicio del
derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, como establecen las
Resoluciones de Naciones Unidas. Al otro lado del Atlántico, en Cuba, el acuerdo
unánime de la UE para una posición común que sustituirá la de 2003, de probada
ineficacia, permitirá a Europa promover el respeto a los derechos humanos y las
libertades e influir de manera efectiva para el cambio en Cuba: ya hemos visto
los primeros frutos de esa nueva política. Veremos también un fuerte impulso
para hacer realidad el Plan Asia. Finalmente, la nueva estrategia sobre
Gibraltar, desde el estricto respeto a los principios y objetivos seguidos por
gobiernos anteriores, requiere el respeto y lealtad con que, hasta ahora,
siempre había contado esta cuestión de Estado”.
Europa, el PP
y una política exterior de estado.
“Son muchos los temas que
centrarán la política europea de España en 2005, desde la revisión de la
Estrategia de Lisboa -una de las prioridades del Gobierno del PSOE- al avance en
las discusiones previas a las Perspectivas Financieras que entrarán en vigor en
2007. Pero, sin duda, el acontecimiento más relevante será el referéndum sobre
el Tratado Constitucional Europeo al que seremos llamados los españoles el 20 de
febrero. Desde la declarada posición favorable, un compromiso activo con el
referéndum y con sus resultados será la primera oportunidad que tendrán Rajoy y
el Partido Popular para hacer creíble su voluntad de pasar página y sentar las
bases para una auténtica política de Estado. Como puede verse, nada justificaría
que el Partido Popular se siga aislando y se autoexcluya del consenso en torno a
todos estos objetivos de política exterior. Si lo hiciera, los ciudadanos
acabarían por percibir que el PP está, no dañando la política del Gobierno,
sino, algo imperdonable, poniendo en peligro los intereses de España, avivando
así un recuerdo aún presente en la memoria de muchos españoles”.