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Rafael Termes, uno de los banqueros más importantes de la historia española

Rafael Termes Carreró, uno de los primeros miembros del Opus Dei en Barcelona que contribuyó al desarrollo de los apostolados de la Prelatura en la Ciudad Condal y en Madrid, falleció esta semana a los 86 años, tras una ´rápida enfermedad´, según se informó a través de un comunicado. Termes fue un maestro para varias generaciones de hombres de la banca española y a lo largo de toda su vida defendió los valores del humanismo liberal y su reconciliación con los fundamentos cristianos.

Fue el encargado de negociar los primeros convenios colectivos

Rafael Termes estudió bachillerato en los Jesuitas de Sarria, de Barcelona, todo un clásico en la educación de Cataluña y posteriormente obtuvo el título de doctor ingeniero industrial. En 1951 comenzó su actividad profesional en Credit Andorra, donde llegó a ser consejero delegado y posteriormente, hasta 1970, consejero. Pero su carrera bancaria la realizó en el Banco Popular, donde ocupó diversos puestos hasta llegar en 1966 a ser consejero delegado.


En el año 1977, con la democracia recién llegada y en tiempos revueltos en lo político y lo económico, los siete grandes bancos elaboraron el perfil del que debería ser presidente de la Asociación Española de la Banca Privada (AEB). Todos coincidieron en que el hombre debía ser Rafael Termes. Ocupó el cargo durante 12 años hasta que fue sustituido por José Luis Leal.


Doctor ingeniero industrial y miembro de las academias de Ciencias Morales y Políticas y de la de Ciencias Económicas y Financieras, participó en 1958 en la creación en Barcelona del Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) de la Universidad de Navarra, de cuyo claustro fue, desde entonces, profesor de Finanzas. Desde 1991 fue también director del campus del IESE en Madrid, cargo en el que cesó en junio de 2000, para ser nombrado presidente de honor del IESE en Madrid.


El profesor Termes, nacido en la localidad de Sitges, era miembro fundador de la ONG SECOT (Seniors Españoles para la Cooperación Técnica), y tenía un especial interés en la solidaridad, impulsando numerosas iniciativas de apoyo a los más desfavorecidos. Entre otras áreas, en el IESE impulsó la ética en la dirección de empresas.


Introdujo en España el análisis financiero y ha sido considerado por muchos economistas como el padre de esta especialidad en nuestro país. Tenía la habilidad de hablar para que en una rueda de prensa le pudiera entender un experto en finanzas y el joven de prácticas recién llegado a la profesión.


Termes fue nombrado consejero delegado del Popular en 1966 y mantuvo ese cargo hasta 1990. No obstante, estaba en suspensión de funciones, ya que desde noviembre de 1977 hasta mayo de 1990 fue presidente de la Asociación Española de Banca (AEB).

Desde este puesto ha vivido toda la transición política y económica, los Pactos de la Moncloa, las sucesivas reformas fiscales, la crisis bancaria, la expropiación de Rumasa y las fusiones, defendiendo en todo momento una visión liberal y contraria a la excesiva intervención del Estado en el sistema financiero.

Famosas fueron sus broncas dialécticas con el secretario de Estado de Hacienda de los primeros gobiernos socialistas, Josep Borrell, actual presidente del Parlamento Europeo, sobre la colaboración de la banca en la lucha contra el fraude fiscal y sobre la presión impositiva para las entidades financieras.


Acumuló cargos honoríficos y de representación, entre los que destaca su pertenencia a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. También fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y Caballero Honorario de Yuste.


Termes poseía, entre otras condecoraciones, la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil y la Encomienda con Placa de la Orden de Alfonso X el Sabio. Era Caballero de la Legión de Honor y Premio Gold Mercury Award en Economía 2003. Recibió asimismo el Premio Libre Empresa 2002 otorgado por la Fundación Rafael del Pino por su obra Antropología del capitalismo y era Premio de Economía Castilla y León Infanta Cristina 2003.


En 1987 constituyó la Fundación Fomento de Fundaciones, Fundación Internacional, cuyo objeto es la ayuda al desarrollo humano y profesional de estudiantes preuniversitarios, universitarios y graduados, así como otras actividades de carácter socio-cultural. 


Una vida dedicada a la defensa de la libertad


Defensor de la libertad de la persona humana en todos los aspectos, desde una perspectiva humanista cristiana (era miembro del Opus Dei desde 1940) y de la economía de mercado como el mejor sistema de organización social posible.

Rafael Termes ha publicado, entre otros libros, El poder creador del riesgo (1986), Del estatismo a la libertad. Perspectiva de los países del Este (1990), Desde la Banca. Tres décadas de la vida económica española (1991), que recoge trabajos sobre la información financiera, la crisis de los 70 y sus consecuencias, la política fiscal y monetaria, el sistema financiero, las relaciones entre la empresa y la banca, y la economía y la ética.

Posteriormente, publicó Antropología del capitalismo: un debate abierto (1992), Las causas del paro (1995), y Desde la libertad (1997) ,que recoge artículos y conferencias desde 1991 hasta 1996.

En ese mismo año dirigió la publicación de un Libro Blanco sobre el papel del Estado en la economía española, en cuya confección participó un selecto grupo de profesores y expertos economistas. Su obra Inversión y Coste de Capital. Manual de Finanzas (1998), recoge parte de su experiencia docente en el IESE.

En el año 1999 recogió bajo el título Capitalismo y cultura cristiana las intervenciones de diversos autores, españoles y extranjeros, en los Encuentros Interdisciplinares sobre Cristianismo y cultura contemporánea, que él mismo organizó. Dos años más tarde se publicó la segunda edición de esta obra, que recibió el Premio Libre Empresa de 2002, otorgado por la Fundación Rafael del Pino.


La síntesis de un maestro


La inutilidad de los sindicatos: “Mi padre, Rafael, era un hombre sin estudios superiores, formado a sí mismo, que, por su inteligencia natural y su gran laboriosidad, logró dirigir su propio negocio. Cuando tenía 15 ó 16 años, mi abuelo lo llevó a un fabricante de Sitges, para que lo admitiera como “meritorio” en las oficinas de la empresa. El empresario aceptó contratarle y le ofreció cinco pesetas al mes. Ante las quejas de mi abuelo por lo exiguo de la remuneración, el fabricante le hizo observar que “por poner a un joven al corriente de una casa de comercio, eres tú quien tendría que pagarme a mí”. Ante tan convincente argumento, mi abuelo aceptó. Mi padre se formó en aquella compañía, llegó luego a ser director general de otra y, finalmente, se estableció por su cuenta. He contado muchas veces esta anécdota, porque si, en aquella ocasión, un sindicato, so pretexto de defender los intereses de los trabajadores, se hubiera opuesto a aquel contrato, con un sueldo evidentemente por debajo de cualquier tabla salarial, mi padre ni hubiera destacado como empresario y ni hubiera podido dar carrera a sus hijos”.  


La excelencia educativa de los jesuitas: “El método educativo se basaba en la emulación y la excelencia. Había notas semanales que el director leía delante de todos los alumnos con los comentarios que le parecían oportunos. Había un escalafón de mérito en cada asignatura y cada uno de nosotros -cito este detalle porque me parece que define las bases del sistema- podía “desafiar” a cualquiera que se hallara por delante de él, para arrebatarle el puesto, sometiéndose ambos a mutuas preguntas y respuestas. Si el que había solicitado el desafío salía victorioso, se procedía al intercambio de puestos en el escalafón. Al final de cada trimestre, tenía lugar la proclamación de dignidades, acto en el que, con asistencia de los padres de los alumnos, se premiaba la aplicación y rendimiento, y se otorgaban distinciones honoríficas. Como ve, se trata de un método totalmente distinto del que, lamentablemente, a mi juicio, impera al día de hoy en la enseñanza secundaria española, en la que, so pretexto de no “traumatizar” al alumno o afectar a su dignidad, ni se corrige, ni se estimula, ni se premia”. 


Ética y Banca: “Pero este problema (la dificultad práctica de vivir rectamente) no es específico de la banca; lo mismo ocurre en las restantes actividades. Y, digan lo que digan, no sólo se debe ser ético en los negocios o en cualquier otra actividad, sino que es posible serlo. Basta, para ello, estar convencido de que el más alto valor que cada uno de nosotros posee es el valor de ser persona. Y que la dignidad de la persona humana exige que, siempre y en todo lugar, nos comportemos de conformidad con las normas universales e inmutables que el hombre deduce de su propia naturaleza. Si, reiteradamente, lo hacemos así, nuestro valor como persona aumenta. Si actuamos en contra de la norma, es posible que tengamos más, pero valdremos menos; nos habremos degradado; habremos envilecido, en poco o en mucho, nuestra dignidad de persona”.


Beneficio como valor social: “Lo he dicho más de una vez y lo mantengo. La función social del beneficio, por el sólo hecho de producirse, es evidente, y cuanto más alto sea el beneficio mayor es el efecto benéfico sobre la sociedad. En efecto, en primer lugar, si hay beneficio, el Estado cobra impuestos, y en mayor cuantía cuanto mayor sea el beneficio. Esta detracción del impuesto constituye ya una parte de la función social del beneficio, ya que -sin entrar ahora en qué nivel impositivo es el deseable, ni en el buen o mal uso que el Estado haga de los impuestos- cuanto mayor sea el beneficio tanto mayor será la capacidad del Estado, vía impositiva, para atender a aquellas necesidades de la sociedad que el Estado, en el ejercicio de su función subsidiaria, debe cubrir. En segundo lugar, antes de llegar al beneficio, se han pagado las rentas del trabajo y los costes financieros, es decir, las rentas al ahorro, cuya cuantía, en ambos casos, depende del volumen del negocio. Este, a su vez, dependerá en gran medida en los años futuros del beneficio habido en los precedentes, y de la parte del beneficio que, en vez de repartirse en forma de dividendo, se haya destinado a dotar las reservas que, junto con las amortizaciones, configuran la autofinanciación de la empresa. Por otra parte, si el beneficio crece en proporción a los fondos propios, la dirección de la empresa -que tiene a su cargo buscar el adecuado equilibrio entre las demandas de los trabajadores y las de los capitalistas, a fin de asegurarse la eficacia y la fluidez en el uso de ambos factores- tenderá a aceptar la elevación en los salarios, con lo cual las rentas del trabajo satisfechas por la empresa crecerán no sólo por el aumento del empleo, sino también por el aumento de las retribuciones unitarias”.


Liberalismo económico y moral: “La confusión de que habla ha conducido a muchos males ya que, al atacar al liberalismo económico atribuyéndole los principios, efectivamente condenables, del liberalismo moral o filosófico, un buen número de personas – conscientes de la eficacia del liberalismo económico – se retraen de su defensa y práctica para no incurrir en la condena que la Iglesia Católica se vio obligada a formular ante la herejía modernista. Pero esta condena no es contra el liberalismo económico, sino contra los errores dogmáticos y morales derivados del liberalismo filosófico, basado en una supuesta autonomía del hombre ante Dios y ante la ley moral objetiva como norma última de conducta. Este liberalismo filosófico, el del “Liberalismo es pecado” de mi paisano el buen canónigo Sardà i Salvany, no tiene nada que ver con el liberalismo de los escolásticos de Salamanca, ni con el liberalismo político de Locke, ni, en fin, con el liberalismo económico de Adam Smith. Ninguno de estos liberalismos ha sido condenado por la Iglesia, en cuyos últimos documentos magisteriales queda bien claro que los cristianos son libres de escoger aquel modelo de organización social que estimen más adecuado para el logro del bien común, siempre que quede a salvo el respeto a la dignidad de las personas. No hay ninguna oposición, pues, entre la doctrina social de la Iglesia y el espíritu del capitalismo bien entendido, como en varios lugares he dejado extensamente probado”.


 

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