Política

Sin anestesia

Para el autor, hávez ganó y logró lo que estaba buscando: la oportunidad de permanecer en el poder por la vía electoral. Minimizar este hecho es regresar al escondite de cabeza de avestruz en el que se vivió durante casi nueve años.

Luis Vicente León

Con evidente ventajismo, pero Chávez ganó por un millón doscientos mil votos y una diferencia de casi 10 puntos porcentuales. Pero esto no significa que el adversario derrotado tenga que perder sus próximas encuentros. El Presidente ha ganado una batalla importante y va a cobrar. Eso significa que avanzará rápidamente en aquellos elementos que van a ser difíciles de validar una vez que la luna de miel se acabe y los problemas económicos comiencen a ser imposibles de maquillar.


La radicalización contra gobernadores y alcaldes opositores, un mayor control sobre los medios, el amedrentamiento de sectores sensibles (alimentos, salud, banca y seguros,) y las restricciones al comercio internacional, son sólo partes del guión que podrían seguir.


El problema es que esta nueva situación convierte a Chávez en un prisionero de su popularidad, algo limitante y peligroso si consideramos que a pesar de que la gente se conecta con él (carisma y utilitarismo), no necesariamente está de acuerdo con su propuesta de izquierda radical, incluyendo las amenazas a la propiedad y la empresa privada y a los medios de comunicación.

Por otra parte, su posibilidad de actuar racionalmente para atender la crisis económica, con medidas serias pero impopulares, se ve dramáticamente restringida por la extrema dependencia a su conexión popular, lo que construye una bomba de tiempo que le puede explotar antes del 2012.
Las limitaciones económicas, unidas a una mayor demanda de la población para que solucione sus problemas concretos, serán sus peores enemigos.


No es optimista el panorama, ni para Chávez ni para el país. Para él, porque su triunfo podría ser efímero y su popularidad volátil y para el país, porque quien se supone a la cabeza para enfrentar la crisis no tiene el margen de maniobra necesario, ni la racionalidad personal para actuar como un verdadero jefe de Estado, en lo que podría convertirse en una de las peores crisis mundiales. Con respecto a la oposición, es obvio que hay un costo vinculado a la derrota. La gente le cobrará a sus líderes, quizás injustamente, el haber perdido, les cobrará el hecho de que la campaña haya sido débil en términos de comunicación y acción pública, les cobrará haber dejado la carga en los hombros de los estudiantes. Aunque la población no lo busque deliberadamente, esto podría provocar algunos terremotos internos y el surgimiento de un liderazgo alternativo.


El argumento del sesgo al que se enfrentó la oposición en este evento electoral, el abuso de poder del gobierno, la campaña apabullante y chantajista es totalmente cierto, pero esto no cambiará en el futuro y sólo aquellos líderes que se presenten como una opción de lucha creativa para enfrentarlo tal como es, serán atractivos para una población que tendrá que emular acciones políticas titánicas como las del pueblo mexicano contra el PRI, el nicaragüense contra Ortega o el chileno contra Pinochet. La mesa está servida para la aparición de líderes heroicos que le tumben las medias a la población común y que le haga pensar que “sí pueden” derrotar a Chávez, independientemente de su poder actual.

Me parece que el sentido de urgencia por un líder real y aglutinador de masas aumentará rápidamente y esto podría tender a decantar al movimiento político opositor en su conjunto, donde actores como los estudiantes, Carlos Ocariz, Leopoldo López, Antonio Ledezma y Henrique Capriles Radonsky, entre otros, jugarán un rol estelar, del cual hablaremos mucho en el futuro.

Fuente: Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE)

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