El panorama político de buena parte de América Latina es desolador. Bolivia, Cuba, Venezuela o Argentina, presentan gobiernos populistas más preocupados por el protagonismo mediático que por la suerte de sus ciudadanos. Hasta ahora, Lula y Brasil habían sido una excepción…
Editorial
La visita del Presidente brasileño a Cuba nos ha dejado un escenario preocupante y numerosos interrogantes en lo que a su conducta presente y futura se refiere. Que Lula era y es un político de izquierdas no es nuevo. Sin embargo, de un tiempo a hoy, lleva realizando apología y proselitismo de su ideario político como el único válido y legítimo.
En efecto, hasta hace unos meses parecía estar por encima de los titulares que sobre él hubiera en la prensa, para la cual el político brasileño suponía la réplica al neopopulismo de verborrea fácil. El propio Lula con sus intervenciones, por ejemplo, en el caso de Bolivia-UNASUR, ayudaba a que así fuera.
Durante el mes de octubre hemos asistido a una mutación del líder del Partido de los Trabajadores. Está, como diría un castizo, “más crecido”, algo que se ha traducido en una cascada de declaraciones cercanas al estilo de los Chávez, Morales, Ortega o Correa, el “grupeto” minimizador de las libertades individuales.
La visita a Cuba que ha realizado estos días el mandatario brasileño ha provocado que las alarmas liberales salten. ¿Era necesaria una pleitesía como la rendida ante los hermanos Castro?, ¿a qué se debe ese recurso fácil a que la ONU sólo obedece las instrucciones de los países grandes?, ¿qué peaje intelectual le debe a Fidel?
De las víctimas del castrismo, ni una palabra. Es el perfil de dirigente que gusta en La Habana, de verbo fácil, retórico y demagógico. Tampoco hemos oído ninguna sílaba de autocrítica sobre los malos resultados cosechados por protegidos políticos suyos en las recientes elecciones municipales de Brasil. ¿Se ha adherido Lula a la solución fácil y neopopulista de las cortinas de humo para desviar la atención sobre los problemas domésticos?
Lula parece haber dejado a un lado la bandera la moderación y ha tomado la del izquierdismo. Quien obra así, no lo hace de modo individual sino que procura introducir en su séquito a otros. En este caso, el “elegido” es Barack Obama. De golpe y plumazo, ya pertenece al, supuestamente, “selecto grupo” de la izquierda de todo el continente americano. Curioso…y contradictorio también, ¿desde cuándo la izquierda latinoamericana necesita del aval de Estados Unidos para reivindicarse ideológicamente?.
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