Política

Un año de ZP

Una año de Gobierno que deja significativos interrogantes en política exterior, luego de los innumerables errores cometidos.

EDITORIAL
“Después de ocho años de derechas hemos tenido un año de derechos”, dijo el Jefe
de Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero con motivo de cumplirse un año
de la victoria electoral del PSOE.

Decir eslóganes para aparecer en los
titulares del día siguiente es una manía que se hizo costumbre durante ese
pomposo “año de derechos”; costumbre de un Gobierno que, además, se equivoca al
creer que los derechos emanan de la Casa de Gobierno, de la virtud piadosa del
gobernante de turno o de los despachos de sus ministros.

En ese “año de
derechos” ha habido de todo, pero hasta donde sepamos ningún nuevo “derecho” ha
sido promulgado en España. Por lo tanto, para quien no esté habituado a la
realidad española, lo importante es remarcar que los cambios a los que hemos
asistido están lejos de ser tan positivos como se los quiere vender desde la
Moncloa.

Zapatero defendió la política exterior y, en especial, el
“drástico” cambio en las relaciones con Francia, Portugal y Marruecos frente a
la que impulsó el Ejecutivo del PP, al que reprochó que mirara “demasiado lejos”
olvidándose de sus vecinos. Sin embargo, nuestros “vecinos” percibieron en
España una actitud de subordinación, de obediencia, hasta diríamos de sumisión
que hizo que el gesto de Zapatero en Irak no sea creíble.

Además, de
poco sirvió porque hoy Francia y Alemania vuelven a tener diálogo fluido con
EEUU mientras que España continúa siendo ignorada por el presidente Bush.
Amparar el incumplimiento del Pacto de Estabilidad y la Agenda de Lisboa fueron
jugadas muy fuertes de este Gobierno que no acapararon ningún logro.


Tampoco tuvo mucho sentido ese “abrazo fraternal” a Marruecos que el
reino alauí “agradeció” sin hacer absolutamente nada por respetar las exigencias
de España en materia de inmigración, seguridad y terrorismo. Como si fuera poco,
mantener el “diálogo y el talante” hizo que España cediera demasiado a las
presiones de Rabat abandonando los derechos de la causa saharaui.

Por
último, este Gobierno intentó por todos los medios disimular las malas
relaciones con EEUU, aunque se empeñó en establecer lazos fructíferos con los
países que más irritan a Washington: Cuba y Venezuela. Conclusión: la España de
Rodríguez Zapatero mantiene hasta ahora una política exterior sin rumbo, con
aliados perjudiciales como Chávez y Castro, apoyando a una izquierda anquilosada
y preocupada más en complacer a sus “aliados” que en conseguir agua para su
propio molino. Balance negativo con futuro incierto.

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