Para el Ejecutivo español, es mejor estar en sintonía con Mohamed VI y Hugo Chávez que con el presidente más poderoso del mundo.
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Jueves, 19 de febrero 2026

Para el Ejecutivo español, es mejor estar en sintonía con Mohamed VI y Hugo Chávez que con el presidente más poderoso del mundo.
editorial
La asunción de George W. Bush estará marcada por grandes medidas de seguridad,
manifestaciones de protesta y pomposas celebraciones que ya algunos han
criticado como “fastuosas e inadecuadas” para tiempos de guerra. Más allá de
estas consideraciones, no puede restarse importancia al enorme capital político
con el que toma posesión el presidente republicano. No sólo cuenta con una
mayoría significativa en el Congreso sino que, además, las huestes demócratas
están desmoralizadas y divididas, factor que le permitirá a Bush gobernar con
más soltura y menos agobio que el que tuvo en el anterior mandato.
Este
capital político le permitirá afrontar los retos colosales que tiene por
delante. Del lado externo, el conflicto de Irak es un infierno de sangre y
muerte en donde las fuerzas norteamericanas están muy lejos de tener la
situación bajo control. La violencia en que vive inmerso el país hizo que el
gobierno iraquí anuncie esta semana que durante los tres últimos días de este
mes estarán totalmente cerradas las fronteras del país para proteger a los
votantes, ante la creciente ola de atentados destinados a boicotear los comicios
del 30 de enero. Sobre llovido, las publicación de fotos de torturas por parte
de soldados británicos fue un varapalo inesperado para el escudero más fiel de
Bush, el laborista Tony Blair.
De esto se desprende que América Latina
no será un compromiso fundamental en su mandato aunque sí intentará reforzar los
lazos comerciales y políticos con los países del bloque Pacífico -Chile, Perú,
Ecuador, Colombia, Panamá, El Salvador, Costa Rica, Honduras, Guatemala,
Nicaragua, República Dominicana y México- que ya mantienen o están por firmar
acuerdos de libre comercio con Estados Unidos. A los asesores de Bush no les
interesa tender puentes hacia el eje Chávez-Castro ni tampoco a sus satélites
Lula, Kirchner y Vázquez, a quienes intentarán aislar en al ámbito de la
diplomacia internacional.
En el plano doméstico, Bush tendrá que
pilotear dos temas cruciales: la cuestión de la inmigración y la reforma del
sistema de pensiones. El presidente presentó este mes su plan de para la
inmigración que consiste, en el fondo, en la legalización temporal de un
moderado porcentaje de los entre 8 y 12 millones de inmigrantes indocumentados
en Estados Unidos, y en el ingreso de trabajadores temporales. Pero Bush verá
muy difícil su aprobación porque a su plan migratorio se oponen desde las
asociaciones de inmigrantes de EEUU hasta miembros de su propio partido.
Finalmente, la reforma del sistema de pensiones es el caballo de batalla
del segundo mandato de Bush. Lo que el presidente propone es privatizar
parcialmente el sistema para que los trabajadores que lo deseen inviertan parte
de sus cotizaciones a la Seguridad Social en bolsa. Pero lo que es un
revolucionario plan de pensiones está siendo vendido por la oposición como una
crisis inventada, “igual que las armas de destrucción masiva de Irak”, al tiempo
que lo acusan de alarmar al país de forma innecesaria para tratar de sacar
adelante sus proyectos.
En conclusión, veremos a un Bush fortalecido y de
línea dura que será más que nunca amigos de sus amigos. En la otra lista, la de
“indeseables”, es lamentable que figure España y el nombre de su presidente de
Gobierno. Que no haya viajado ningún funcionario de renombre a la asunción de
Bush es otro desaire de Rodríguez Zapatero que aísla más España y que
ensombrece, más todavía, su figura en el plano internacional.
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