Las manifestaciones radicalizadas de Hamas y Yihad Islámica desnaturalizan una salida negociada.
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Martes, 16 de junio 2026

Las manifestaciones radicalizadas de Hamas y Yihad Islámica desnaturalizan una salida negociada.
Editorial
La retirada de los colonos situados en la denominada Franja de Gaza, y su relocalización en territorio israelí, despierta expectativas en el concierto internacional y renueva el interés en cuanto al destino de las negociaciones para la paz. Líderes de todo el mundo han declarado sus esperanzas en cuanto al establecimiento de una convivencia pacífica en la zona, indicando que ésta puede ser la última oportunidad para establecer un marco de coexistencia sin agresión. La situación, lógicamente, es más compleja de lo que estas aspiraciones reflejan.
La salida de los residentes israelíes es todo lo pacífica que puede esperarse de grupos y familias asentados en la zona desde hace varias décadas. Su arraigo e identificación con el territorio (de tipo religioso además) ofrecen la más severa resistencia al gobierno de Sharón. Los denominados “naranjas” se oponen a abandonar un territorio en el que pudieron establecerse, producir y vivir colectivamente. El desarraigo constituye la base de la oposición interna a la liberación del terreno. El gobierno israelí ha mostrado un gran cuidado sobre los colonos asentados y ha utilizado todos los argumentos disponibles para realizar el procedimiento de retirada en forma pacífica. Los próximos días servirán para formular un diagnóstico sobre el plan tazado por el gobierno.
Del lado palestino, la falta de ubicuidad parece ganar a todos los sectores. En medio de la propia retirada, el presidente del gobierno, Abú Mazen, advierte que esto no es suficiente y que la misión debería incluir territorios de Cisjordania y tierras aledañas. A la ansiedad gubernamental se suman las declaraciones extremistas de Hamas y Yihad Islámica que atribuyen el retiro de los colonos al esfuerzo mártir de sus reclutas del terror. La ceguera producida por la radicalización origina una nueva –aunque lógica- decepción en quienes aún aspiran a un entendimiento civilizado. Ambas manifestaciones producen un efecto desmoralizador que nada tiene que ver con el paso histórico que a pocos metros se produce entre palestinos e israelíes.
El proceso continuará hasta el miércoles, oportunidad en que las tropas israelíes desplacen por la fuerza a los colonos reticentes. Las fuerzas de seguridad han distribuido comunicados de advertencia a los pobladores de Gaza ofreciendo la ayuda militar en caso de producir una evacuación espontánea, pero recurriendo a la coerción si esta liberación no se produce. Hasta ahora los incidentes parecen ser menores, aunque con una creciente tensión a medida que se acerca el plazo referido. El éxito del procedimiento consistirá en gran parte, en el menor rango de utilización de la acción armada para producir los desplazamientos. Las autoridades israelíes son optimistas en este sentido, aunque nada es definitivo en el contexto de Gaza.
Las horas siguientes determinarán si la iniciativa constituye una contribución a formas más dignas y pacíficas de convivencia, o si ambos pueblos vuelven a demostrar su crónica incapacidad por convivir en un espacio de confraternidad. Las expresiones radicales de parte de las organizaciones palestinas echan un manto de dudas sobre toda la situación y complican un proceso que podría llegar a buen término. El pragmatismo demostrado por el gobierno de Sharón (en la acción más que en el discurso) puede dar lugar a nuevos pasos en la construcción de un escenario de coexistencia.
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