Diez meses después de asumir el gobierno, el primer ministro francés Dominique de Villepin, muy debilitado por las protestas y huelgas que se multiplican en las calles de Francia desde hace dos meses, dejó claro que pretende seguir en su puesto y que mantiene las riendas del gobierno.
Aumenta la popularidad de Sarkozy ante la debacle de Chirac y de Villepin
El presidente Jacques Chirac me ha confiado una misión: librar una batalla por el empleo. Esta batalla, la llevaré a cabo hasta el final. Es mi compromiso con los franceses”, declaró este jueves el primer ministro, en su habitual rueda de prensa mensual, descartando así su dimisión, como apuntaban numerosos rumores.
“Todo lo demás es pura especulación y fantasía”, garantizó, sonriente, Villepin, cuya popularidad cae en picado en los sondeos desde que decidió instaurar el
polémico Contrato Primer Empleo (CPE).
Dos días después de que entre uno y tres millones de manifestantes salieran a las calles de Francia para protestar contra este contrato laboral destinado a los menores de 26 años, el primer ministro subrayó que la prioridad es que el país “la serenidad y la unidad”.
“Es hora de salir de la crisis para recuperar la serenidad y la unidad de Francia”, insistió.
Villepin, candidato potencial para las elecciones presidenciales del 2007 dentro de la UMP (partido de derecha en el poder), garantizó que no se ha sentido aislado dentro de su gobierno ni tampoco traicionado por el titular de Interior, Nicolas Sarkozy, también de la UMP, cuyas ambiciones en los comicios del año próximo no dejan lugar a dudas.
Sarkozy se distanció de la postura de Villepin en los últimos días y apostó por una renegociación del CPE cuando el primer ministro intentaba mantenerlo contra viento y marea.
“Cada uno en su lugar, da lo mejor de sí mismo”, aseguró Villepin, subrayando que no tenía ninguna queja de la actitud de los miembros de su gabinete.
El primer ministro recalcó además que el polémico CPE no está muerto, sino suspendido y es una herramienta para responder a la situación de un sector de la población que atraviesa dificultades laborales.
En Francia, el desempleo juvenil es del 25%, una cifra superior a la del resto de Europa.
Por primera vez desde que comenzó esta crisis, Villepin reconoció que quiso “ir demasiado rápido” en su batalla contra el desempleo y ello provocó “malentendidos e incomprensiones”.
“Simplemente porque quería resultados para los franceses, sobre todo para los jóvenes”, se justificó, asegurando que el gobierno ha abierto la caja de Pandora del desempleo juvenil y “no podrá cerrarla de nuevo”, lo cual obliga a encontrar soluciones conjuntamente.
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