Política

Zapatero en Venezuela: El (otro) Imperio Contraataca

“¿Nos explotan de nuevo, someten a la miseria a nuestros habitantes, habrá que declararles una nueva guerra de independencia a estos imperialistas de nuevo cuño que pretenden competir con el otro imperio? ¿O nos disponemos a una guerra asimétrica con uno y con el otro nos sometemos a una relación simétricamente neocolonial? La respuesta obvia es no.”

Roberto Giusti
Todos van por Zapatero. El presidente del Gobierno español, sin proponérselo, se ha convertido en el árbitro de la situación venezolana. Sobre él se depositarán, aparte de algunas incautas esperanzas, kilos de correspondencia, una que otra admonición de ambos lados, mucho papelillo y el protocolo y la parafernalia que un Chávez exultante le dispensará como agradecido huésped de una minicumbre Iberoamericana que, entre una cosa y la otra, repotencia ante el mundo, ¡imagínese usted!, su bagaje de líder democrático.

Pero cada cual tiene los pujos del tamaño de su poder y si Lula encarna al gigante brasileño, Chávez una chequera rellena de petrodólares y Uribe una contraparte asentada por el apoyo de Washington, Zapatero representa la versión atildada y bien compuesta de una potencia europea en plena expansión de sus intereses. Digamos, con algo de exageración, que el imperio regresó hace tiempo y la reconquista civilizada de los espacios perdidos le está resultando más beneficiosa y menos onerosa políticamente que aquella infame exacción tan denostada por el antiimperialista Chávez y magistralmente glosada en Las Venas Abiertas de América Latina por Eduardo Galeano.

En fin, ya no traen cuentas de cristal, ni se llevan a espuertas el oro de Potosí, pero están en donde se huela un buen negocio. Aquí, por ejemplo, ya Telcel no será más Telcel Bell South, sino Telefónica, un gigante que deriva 32% de sus ingresos de su actividad en América Latina. Mientras que las inversiones de la petrolera Repsol-YPF ascienden a 12 mil millones de dólares con presencia en los países del Cono Sur y operaciones en Venezuela, que para este año se calculan en 185 millones. Y paremos ahí, porque la lista es larga, incluyendo la ofensiva bancaria y los negocios de la quincallería bélica, un caramelito de mil millones que le entregó Chávez como gesto de buena voluntad.

¿Mala cosa? ¿Nos explotan de nuevo, someten a la miseria a nuestros habitantes, habrá que declararles una nueva guerra de independencia a estos imperialistas de nuevo cuño que pretenden competir con el otro imperio? ¿O nos disponemos a una guerra asimétrica con uno y con el otro nos sometemos a una relación simétricamente neocolonial?

La respuesta obvia es no. Ahora todas estas presencias se llaman globalización y nadie le cierra la puerta a unas inversiones que, si no se negocian en condiciones leoninas, serán beneficiosas. La cuestión es, ¿cuál es la agenda de Zapatero, quien con todo y su socialismo viene a lo que viene? A expandir mercados, buscar socios, establecer vínculos comerciales y abrir espacios en una comarca hasta no hace mucho tiempo reservada a EEUU.

En esas condiciones y vista la debilidad de Zapatero por las botas de Fidel, la salmodia de que aquí no hay auténtica democracia, que se canceló el equilibrio de poderes, se violan los derechos humanos, se están creando milicias paramilitares, hay más de cien presos políticos, se atenta contra la libertad de expresión, el CNE es de Chávez, los niños se mueren de hambre, aumentó el desempleo y se irrespeta la propiedad privada, con todo y ser verdad, va a caer en saco roto.

Fuente: El Universal – Venezuela

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