Cuando se cumple solamente un año de la victoria de Zapatero en las Elecciones Generales, suenan tambores de cambio en algunos asientos del Consejo de Ministros. Con la que está cayendo, no hay que ser un zahorí para adivinar esa posibilidad. El primer aniversario socialista se va a celebrar jubilando a más de uno/a
El Comentario
La pista más fiable para deducir que habrá pronto caras nuevas en el Ejecutivo nos la ha dado el propio Zapatero al descartar cualquier relevo. Esa es una señal inequívoca, infalible, de que habrá novedades muy pronto, antes que después. Otros dirigentes socialistas niegan también la mayor, pero sólo con una convicción vicaria, desganada y de oficio. Medios periodísticos afines a La Moncloa no ocultan, sin embargo, la inminencia de una profunda remodelación de Gobierno.
Desde un punto de vista estratégico, de supervivencia política pura y dura, el Gobierno necesita un refresco urgente. La crisis económica le ha desbordado de un modo alarmante y lo único que frenaría (al menos de momento) la irritación general de la opinión pública sería el nombramiento de algún beneficio de la duda en forma de nuevo Ministro de Economía.
Como desgraciadamente la situación va a empeorar todavía más, y a Zapatero le quedan tres años más de contrato, hay que medir bien los sacrificios que se hacen para calmar la rabia del pueblo no vaya a ser que en cuatro días se chamusque el nuevo y volvamos a la precariedad actual.
En todo caso, algo huele a crisis de Gobierno no tardando mucho. Solbes y Fernández de la Vega suman muchos votos populares para ser cesados, y qué decir de Magdalena Álvarez, del requemado Corbacho, del esotérico Miguel Sebastián… La inquietud nos asalta cuando el club de fans de José Blanco vuelve a ponerlo en las quinielas para llegar al Gobierno, aunque, a lo mejor, el promocionarlo tanto sólo sirve para que, otra vez, se quede fuera.
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