El anonimato de esta autora italiana suscita apasionados debates en los ambientes intelectuales de su país y en la Red.
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Viernes, 09 de octubre 2026

El anonimato de esta autora italiana suscita apasionados debates en los ambientes intelectuales de su país y en la Red.
Poco a poco, la tetralogía Dos amigas, por su calidad o por el morbo de una inteligente campaña de marketing, ha puesto el nombre de Elena Ferrante, o, mejor dicho, su pseudónimo, en las listas de libros más vendidos de muchos países europeos. Hay quien la compara con Elsa Morante (1912-1985), la primera esposa de Alberto Moravia, maestra en tejer la historia más modesta de los hombres sobre el tapiz de la humanidad. Ferrante es otra cosa.
Poco es lo que sabemos de ella. El anonimato de esta autora italiana suscita apasionados debates en los ambientes intelectuales de su país y en la Red. Su misterio nos lleva acompañando cerca de veinticinco años, desde que en 1992 publicara su primer título, El amor molesto, incluido luego en las Crónicas del desamor (2011) junto con Los días del abandono (2002) y La hija oscura (2006). Estos tres libros ahondaban en la soledad y la búsqueda de sentido (sin encontrarlo) de varias mujeres, Delia, Olga y Leda, a las que Ferrante despojaba de sus máscaras y exhibía íntegras y claras, mostrando sus contradicciones e insatisfacciones, también sexuales, con una prosa explícita y naturalista.
Así, puede que el mayor enigma de Elena Ferrante no sea tanto la ausencia de fotografía en la solapa de sus libros, sino dónde residen las claves de una literatura enclavada en el mundo femenino que ha alcanzado su expansión internacional con la saga Dos amigas, formada por La amiga estupenda (2011), Un mal nombre (2013), Las deudas del cuerpo (2014) y La niña perdida (2015).
El primer movimiento de este cuarteto –La amiga estupenda– se abre con el origen de la amistad entre la apocada Elena Greco, Lenù, y la impulsiva Lila, Raffaella Cerullo, que se conocen en el primer curso de primaria. Tras un breve prólogo, asistimos, siempre desde la perspectiva de Elena, narradora de la saga, al proceso de individuación de ambas a lo largo de seis décadas, así como a una panorámica de la historia reciente de Nápoles, la ciudad que las ve crecer y luchar desde que nacen en 1944.
“No siento nostalgia de nuestra niñez, está llena de violencia”, revela Elena, que describe las travesuras y las consiguientes palizas de sus padres en un barrio pobre y tumefacto por las heridas de la posguerra, cuyos muros empezarán a resquebrajarse solo a partir de la adolescencia.
No hay, empero, subrayados ni dramas altisonantes: Ferrante recupera en La amiga estupenda una suerte de lúcido y ácido neorrealismo, a la manera de Cesare Pavese, entre el dolor y la alegría, la aparente quietud del tiempo y el movimiento perpetuo de los corazones, entre noviazgos, lecturas y otros ritos de paso, a los que pone punto y seguido la boda de Lila con un acomodado charcutero.
Un mal nombre, la segunda parte, serpentea por la década de los sesenta. A los veinte años, Lila y Lenù se resignan y asumen que no hay lugar para las grandes esperanzas, solo para las ilusiones perdidas. La primera se ha casado con un bruto y, aunque la segunda sigue estudiando con provecho, no es menor su insatisfacción vital: ama en secreto a un joven, Nino, que acabará en los brazos de su mejor amiga.
Ferrante nos arrastra de nuevo por una demoledora “crónica del desamor”, en la que sus personajes se acercan y se distancian, hablan y guardan silencio, se traicionan (son frecuentes los amores secretos por ambos bandos, mostrados como un necesario desahogo para soportar tanta tensión), comparten los prejuicios de su clase, mienten y dicen la verdad, ascienden en sus trabajos o huelgan en la playa, mientras familiares, amigos y vecinos entran y salen de escena, como en un fresco narrativo de los de antes.
Gracias a la prosa comedida de la italiana, esquiva la deriva folletinesca, aunque a veces los ingredientes narrativos están muy cerca, por su sofisticación. La vida tiembla en el papel sin trampas, y, cuando Elena publica su primer libro, entendemos que la crítica quiera ver en ella a un trasunto de la propia Ferrante, que nos aportaría, así, distintas claves de su autobiografía.
La rueda de la fortuna sigue girando. En Las deudas del cuerpo Elena es ya una mujer casada, con dos hijas, y Lila se ha separado de su marido, un maltratador, y renunciado a su posición social. El volumen empieza, no obstante, en el momento presente, cuando la primera recuerda que vio a Lila por última vez “hace cinco años, en el invierno de 2005”. No es un recurso habitual en un texto que se caracteriza por su linealidad, pero nos recuerda que Dos amigas es una recapitulación –o acaso una “restitución”–, una mirada desde la vejez a los aciertos y las culpas del pasado, que se recalcan en este volumen, el más político de todos, por el distanciamiento de las protagonistas (“Quiero que ella esté, por eso escribo”, confiesa Elena). Mientras la autora promociona su novela por todo el país, Lila trabaja en una fábrica de embutidos, vive con otro hombre y cuida del hijo que tuvo con Nino.
Las deudas del cuerpo fija un gran angular para perfilar las contradicciones, también morales, de la Italia de finales de los sesenta y primeros de los setenta. Ya no es la vida de un barrio de Nápoles, sino la de un país bataneado por fascistas y comunistas, que pone a prueba el compromiso y la identidad de dos mujeres que, cada una a su manera, presentan en sus vidas numerosas cicatrices. Sobre la pared del cuarto ajeno que habitan, Ferrante inscribe otra muesca más en su frustración y su servidumbre.
La niña perdida pone fin a la tetralogía. Si en La amiga estupenda la desaparición de Lila desataba la febril sentada de Elena frente al ordenador, aquí se bosquejan las posibles causas de esa fuga, si bien, como apunta la narradora, “la vida real, cuando ha pasado, no se asoma a la claridad, sino a la oscuridad”.
Como en los títulos precedentes, inicia la trama allí donde dejó la pluma en la anterior, en este caso en la relación entre Elena y su amante Nino, sin descuidar el “pozo negro” de la Italia de los setenta –el asesinato de Aldo Moro– y los ochenta –el terremoto de Nápoles–.
Las convulsas y complejas relaciones personales y familiares siguen siendo el dominio de Ferrante: nacimientos y muertes, separaciones y reencuentros, celos e indiferencia, éxitos y fracasos, hasta que una tragedia que sacude a Lila, y da título al libro, rompe el flujo y abre la puerta al último epígrafe, “Vejez. Historia de la mala sangre”, en la que Elena reconstruye sus últimos años desde que dejó Nápoles en 1995 y reconoce que su amor por Lila le llevó a escribir un libro que ahondó en su distanciamiento: “Quería que ella perdurara. Pero quería ser yo quien la hiciera perdurar”.
Dos amigas es una ambiciosa saga, intensa, sensible, agria, minuciosa y a la vez dinámica, adictiva, sin grandes pretensiones formales dentro de su colosal extensión, que nos brinda una cruda y conflictiva aproximación al universo femenino. Poniendo a veces el acento en el amor y el sexo, con un erotismo de pocas elipsis, Ferrante consuma un tratado de las emociones humanas, del yo y las circunstancias, a veces viles y degradantes, de unos personajes carnales, reales, vivos, pero infelices en su mayoría.
La amiga estupenda. Elena Ferrante. Lumen. Barcelona (2012). 392 págs. 24,90 € (papel). 9,99 € (digital). T.o.: L’amica geniale. Traducción: Celia Filiperto.
Un mal nombre. Elena Ferrante. Lumen. Barcelona (2013). 560 págs. 24,90 €. 9,99 € (digital). T.o.: Storia del nuovo cognome. Traducción: Celia Filiperto.
Las deudas del cuerpo. Elena Ferrante. Lumen. Barcelona (2014). 480 págs. 24,90 € (papel). 9,99 € (digital). T.o.: Storia di chi fugge e di chi resta. Traducción: Celia Filiperto.
La niña perdida. Lumen. Barcelona (2015). 544 págs. 24,90 € (papel). 10,99 € (digital). T.o.: Storia della bambina perduta. Traducción: Celia Filiperto.
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