Europa, Pensamiento y Cultura

Nada es más asombroso que la verdad

Si algo se puede afirmar con certeza de Egon Erwin Kisch (1885-1948), es que se trata de un personaje polifacético: hijo de un comerciante judío, nació en la ciudad de Praga, donde estudió en la Universidad Alemana.

Allí se hizo miembro de una hermandad estudiantil, que aceptaba miembros de origen judío. En 1905 marchó a Berlín para estudiar Periodismo. Participó en la Primera Guerra Mundial y, al final de esta, se hizo miembro del Partido Comunista de Austria. Viajero infatigable, visitó China, Estados Unidos y la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial fue recluido en la cárcel de Spandau, hasta que fue deportado por ser ciudadano checo. Fue también miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española. Como él mismo afirmaba con su característico sentido del humor: “Sabes, a mí no me puede suceder realmente nada. Soy alemán. Soy checo. Soy judío. Provengo de buena familia. Soy comunista. Soy miembro de una asociación estudiantil. De todo eso, algo siempre me ayuda”.

Esta personalidad tan ecléctica se refleja en Nada es más asombroso que la verdad, una colección de artículos centrados en acontecimientos de los que el escritor fue testigo o protagonista. Organizados en varias secciones según un criterio temático-temporal, el libro se abre con reportajes sobre hechos ocurridos en los albores de la Primera Guerra Mundial, para seguir con retratos del periodo de entreguerras y las vivencias que tuvo durante el principio del régimen nazi. La Guerra Civil de España ocupa también alguno de sus artículos.

A lo largo del libro, el lector encontrará fogonazos de distintas facetas de la realidad. De esta el autor no elige los momentos más destacados sino que prefiere fijar su atención en las personas que protagonizan los hechos. En los reportajes de Kisch aparece Charles Chaplin, pero son más frecuentes otras figuras, como una mujer que cree que su hijo es un asesino, los compañeros del frente de la Gran Guerra con sus grandezas y miserias, un campesino tirolés que relata cómo vende tres vacas para ir a luchar en España o un verdugo que relata su fortuito comienzo en su macabra profesión. Al autor no le importa tanto la relevancia como la verdad que puede rastrear tras las acciones que relata. Según afirma, “la labor del reportero es, en esencia, la más honesta, la más objetiva y la más importante… Podrá exagerar, divulgar noticias de dudosa credibilidad, pero siempre depende del hecho en sí, de la objetividad”. La verdad es, en este sentido, el hilo conductor de esta recopilación.

La realidad que presenta Kisch en sus artículos es dura, pero no cruel. El escritor siempre consigue humanizar los relatos más terribles gracias a su estilo, caracterizado por el sentido del humor, el contraste de puntos de vista y una cuidada redacción. La tensión narrativa y la descripción consiguen que el lector no pueda dejar de leer los reportajes una vez empezados. Un clásico del género periodístico que merece la pena conocer y no olvidar.

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