Economía y Sociedad, Política

La política energética de Indonesia: una lección del fracaso

“Emitir más rupias ha demostrado tener truco, dado que podría accionar la inflación en la economía nacional y asustar a los inversores extranjeros que sacarán su capital de golpe y huirán del país (como ocurrió durante la crisis financiera asiática del 97/98, que resultó en la caída del gobierno Suharto). De hecho, ante las noticias de la venta de rupias (montones de deuda) por parte del gobierno de Indonesia para comprar dólares americanos para pagar los crecientes gastos en crudo”.

Políticas Públicas

 


Interrupciones, elevados precios y deslocalizaciones de todo tipo han llevado a un llamamiento a una nueva “política energética”. Consideremos el caso de Indonesia, que tiene una política energética de un tipo inusual. Como informaba el Sunday Times de Singapur el 4 de septiembre del 2005: “Yakarta financia fuertemente el precio del combustible ordinario de los indonesios y afronta una factura de los subsidios de hasta 138,6 trillones de rupias este año a causa de los elevados precios del crudo”.


 


Lo que plantea la cuestión: ¿cuánto es 138,6 trillones de rupias? Al tipo de cambio actual de un dólar americano = Rp10.500 (2 de septiembre del 2005), esta cifra se convierte en unos sorprendentes 13,2 billones de dólares americanos, aproximadamente la mitad del coste estimado actual de los daños causados por el Huracán Katrina en el desastre de Nueva Orleáns. ¿Pero qué significa esta cifra astronómica para el ciudadano ordinario? Hagamos algunos cálculos hipotéticos.


 


Sí, por ejemplo, en lugar de dar este dinero a los que poseen coches, camiones, motos, a cualquiera que compre gasolina (es decir, a aquellos mejor situados que el ciudadano medio de ese país rico en crudo) en la forma de subsidios al combustible, las autoridades distribuyeran estos 140 trillones Rp (cientos de miles arriba o abajo) igualitariamente entre los hombres, mujeres y niños de ese país, cada persona recibiría del estado la cifra de ¡5.785.123Rp! Cada ciudadano de Indonesia sería un millonario instantáneo casi seis veces. Es decir, en rupias. (Mi calculadora básica no llegaba a todas las cifras, la población de Indonesia se estima en 241.972.879 aproximadamente en julio del 2005, fuente: CIA).



Pero esto no hace gracia. ¿Cuánto son 5,8 millones de rupias? Para el ciudadano medio, al mismo tipo de cambio, esto supone 552 dólares. Comparando esta cifra con los ingresos per cápita de Indonesia de 810 dólares en el año 2003 (publicado por el Banco Mundial), esto significa básicamente que cada ciudadano de Indonesia no tendrá que trabajar más de ocho meses al año. Esto puede sonar a buenas noticias, pero aterrorizaría a los economistas keynesianos y a los legisladores gubernamentales, dado que el paro alcanzaría de golpe el 67% anual*.


 


Pero los perdedores reales serían las industrias apoyadas por el estado. Los importadores de automóviles, las compañías de logística, las plantas de montaje de automóviles, las compañías de explotación de las autopistas etc. Los subsidios a la gasolina son un legado de la era Suharto. La poderosa élite formada por la familia Suharto y su corte necesitaba tantos coches y camiones en las carreteras como fuera posible para que las pobladas autopistas con frecuentes peajes fueran surtidores de dinero para ellos.


 


Por ejemplo, hay nada menos que 5 peajes entre el centro de la ciudad de Yakarta y el aeropuerto internacional (a cerca de una hora conduciendo), todos poseídos y operados por los hijos del expresidente de Indonesia Suharto. Todos los negocios de distribución y las plantas de ensamblado de coches o son propiedad directamente de la familia Suharto, o son sociedad con inversores extranjeros. De nuevo, impulsar el uso y posesión de coches forma parte de sus intereses. No podrían y no abandonarían la gasolina, así que lo mejor que podrían hacer era que un gobierno de mano dura asumiera un patrón caro de subsidios. De ahí el sermón del gobierno hoy.


 


Asimismo, en la misma información del Sunday Times, se informa que Lee Hsien Loong, el actual Primer Ministro de Singapur ha dicho:


 


“… El presidente Yudhoyono ha afirmado en su discurso de esta semana… prometido las medidas que Indonesia va a tomar en la medida de lo posible… como una política fiscal, política monetaria, por supuesto, subsidios a los productos derivados del petróleo… y también ajustes estructurales que tiene que hacer para hacer Indonesia más atractiva a las inversiones… resolver los problemas rápidamente puede ayudar a reforzar la confianza en la gestión económica de la ASEAN…“


 


Bien, sería interesante examinar brevemente las opciones abiertas al presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, frente a esta situación con elevados precios del crudo, y cómo este problema particular de subsidios tambaleantes puede resolverse rápidamente. Nótense las cuatro opciones identificadas, que son política fiscal, política monetaria, subsidios petroleros y ajustes estructurales (que el presidente tiene que llevar a cabo).


 


En primer lugar, política fiscal. Esto significa básicamente echar un vistazo a las arcas gubernamentales para ver si queda dinero que el gobierno no haya gastado aún. Y dado que cada funcionario del gobierno mira por su parte, no queda mucho en el monedero, como era de esperar. Pero el petróleo tiene que pagarse en dólares americanos. ¿Y de dónde vienen los dólares extra? El gobierno puede tomarlos prestados de alguien, del banco central de algún gobierno amigo por ejemplo, con montones de reservas en dólares, o bien, más gráficamente como segunda opción, podría dar instrucciones a su propio banco central de emitir más papel, es decir, una política monetaria laxa.


 


Emitir más rupias ha demostrado tener truco, dado que podría accionar la inflación en la economía nacional y asustar a los inversores extranjeros que sacarán su capital de golpe y huirán del país (como ocurrió durante la crisis financiera asiática del 97/98, que resultó en la caída del gobierno Suharto). De hecho, ante las noticias de la venta de rupias (montones de deuda) por parte del gobierno de Indonesia para comprar dólares americanos para pagar los crecientes gastos en crudo, la rupia se depreció rápidamente un cinco por ciento en dos semanas. Temeroso de que la rupia colapsase más si esta política continuaba, el gobierno se echó atrás y anunció que elevará los tipos de interés con el fin de calmar los mercados financieros y atajar la caída de la rupia. (Algunos analistas predecían el derrumbamiento de la rupia a niveles de 1998 si los precios del petróleo continúan ascendiendo).


 


No siendo capaz de salir de la situación “emitiendo”, el gobierno recurrió entonces a pedir prestado al Banco Central chino al nivel de 2 billones de dólares americanos (2 de septiembre del 2005). Un rápido cálculo demuestra que si los precios del petróleo continúan a los niveles actuales, es decir, cercanos a los 70 dólares el barril, los 2 billones de dólares americanos sólo proporcionarán el 15% (1,8 meses) de los subsidios anuales de 13,2 billones de dólares americanos. Al tiempo que los americanos rezan para que el Huracán Katrina deje de soplar pronto, pueden descansar con la garantía de que las oraciones del gobierno de Indonesia están con ellos, en que los precios del petróleo vuelvan a niveles cuerdos en cuestión de un mes.


 


Bien, ¿qué tal la tercera opción de revisar la política de subsidios a la gasolina? Políticamente esto no es muy popular, dado que la última vez que el gobierno redujo los subsidios a la gasolina, en marzo del 2005, provocó extensos disturbios en Yakarta, y la policía y el ejército tuvieron que ser movilizados para tomar el control de la capital. De hecho, cuando el presidente anunció que tendría que considerar reducir más los subsidios a la gasolina recientemente, manifestantes furiosos inundaron las calles de la Yakarta. Probar suerte de nuevo en este camino precisará de un gobierno muy valiente, especialmente teniendo en cuenta que el gobierno de Yudhoyono lleva apenas un año en el poder.


 


Así que eso nos deja con la cuarta opción, es decir, ajustes estructurales. ¿En qué “ajustes estructurales” podría estar pensando Lee que el gobierno de Indonesia pudiera llevar a cabo? El gobierno de Singapur siempre se ha enorgullecido de tener amplias miras, competentes y a la altura. También se sabe muy bien que lleva los asuntos de la ciudad de un modo altamente autocrático. Si el presidente Yudhoyono fuera a seguir el ejemplo de Singapur de gobierno de mano dura, tendría que considerar seriamente las siguientes medidas políticas (muchas actualmente en vigor en Singapur) para ser capaz de (parafraseando a Lee) “resolver el problema de los subsidios a la gasolina rápidamente”:


 



  • Eliminar toda forma de subsidio a los productos derivados del petróleo y desviar el ahorro anual de los 13,2 a programas de distribución.

  • Introducir un impuesto del 35% en todo tipo de gasolina y diesel para disuadir del uso del automóvil (en nombre de la protección medioambiental).

  • Nacionalizar todas las compañías de taxis, e introducir ´cargos de combustible´ en todas las tasas (para impulsar el uso del sistema de transporte público, operado por el gobierno).

  • Incrementar los aranceles en todas las importaciones de coches e introducir barreras no arancelarias, por ejemplo tasas de registro del vehículo en todos los vehículos nuevos (el que lo necesite, pagará).

 


Estas son apenas algunas de las medidas políticas que el presidente Yudhoyono podría considerarse implementar para empezar. Tales medidas enormemente impopulares tendrían que estar respaldadas por la maquinaria propagandística apropiada, es decir, prensa y medios controlados por el estado. La policía antidisturbios y el ejército tendrían que estar a la defensiva para tratar con cualquier manifestante infeliz o disturbios en las calles. Hasta podrían tener que imponerse toques de queda para meter las cosas en vereda. Después de todo, el gobierno acaba de encontrarse con una cartera llena de 13,2 billones de dólares, con los que puede comprar un montón de fuerzas del orden. También puede encontrar un flujo atractivo de ingresos netos de los recientes impuestos a la gasolina que acaban de aprobarse, y de los aranceles indirectos sobre vehículos, todo gracias a los crecientes precios del crudo.


 


Pero, por contra, Indonesia es un país democrático con un presidente elegido democráticamente por el pueblo, y para el pueblo. Los “ajustes estructurales” de arriba, aunque de apariencia sensata y pudiendo resultar una política bien encaminada del primer ministro de su país amistoso, sólo podría vaticinar el desastre del estado de Indonesia.


 


Gestionar un enorme archipiélago con una población étnicamente diversa de 242 millones de personas extendidas sobre 17.000 islas no es precisamente lo mismo que controlar una ciudad de 3,5 millones de ciudadanos políticamente dóciles. Económica y políticamente, el largo brazo del estado será puesto prueba en Indonesia. Y para aquellos de nosotros que creemos que “el mejor gobierno es el que gobierna lo menos posible” y que las intervenciones gubernamentales en la economía llevan a menudo al caos en el mercado, la elección entre un estado con un problema de subsidios a la gasolina por valor de 13,2 billones de dólares y su pacífico vecino con el patrón de expropiaciones directas e indirectas, no hay color realmente.




K.Y. Leong es un hombre de negocios que vive en Singapur.



* Este cálculo superficial asume que cada ciudadano del país, sin importar su edad o género sería empleable bajo la definición del Ministerio de Trabajo, y por tanto sería apto para beneficiarse del ejercicio imaginario de redistribución. Pero si ajustásemos este cómputo (como harían muchos gobiernos) clasificando a todos los menores de 15 años o menos y a todas las personas de 55 años o más como “no empleables”, y haciendo este pago solamente a los adultos “empleables”, podríamos acabar con un resultado incluso más superficial – una tasa de paro de más del 100%. Tal es el poder de las estadísticas gubernamentales.

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